El Diario Financiero - Desde
la academia
Fecha : 15/09/2006
Claudia Heiss, Ciencia Política, New School for Social Research
Van Gogh y los límites de la tolerancia
La masiva inmigración islámica a países herederos de la Ilustración plantea serios dilemas. ¿Cómo reaccionar frente a creencias y costumbres a veces incompatibles con los valores occidentales? Por un lado está la respuesta de Francia: no importa lo que diga su tradición, el inmigrante tiene que mandar a sus hijas a la escuela, y sin pañuelo en la cabeza. Al país que fueres, haz lo que vieres. Por otro lado, la sociedad británica busca acomodos más tolerantes con la cultura y la religión de los recién llegados y sus descendientes, dando espacio en sus políticas públicas a los principios del multiculturalismo. Por eso los Sikhs pueden viajar en moto sin casco por las calles de Londres o Manchester, ya que su religión exige el uso del turbante.
A raíz del asesinato del cineasta Theo Van Gogh en 2004, Ian Buruma -autor de "Occidentalism", comentado aquí en junio de 2004- regresó a su La Haya natal para indagar sobre los límites de la tolerancia. ¿Hasta dónde debe proteger a los intolerantes una sociedad como la holandesa, que acepta el uso de ciertas drogas, regula la prostitución y donde el Estado garantiza el acceso a salud, educación y vivienda?
"Murder in Amsterdam: The Death of Theo van Gogh and the Limits of Tolerance" (Penguin Press, 2006) se mueve en los matices. Decenas de conversaciones con actores claves y una informada reflexión llevan al autor a descartar respuestas simples. Es cierto que el "experimento multicultural" no está resultando en Holanda, pero las causas de ese fracaso no se pueden reducir a argumentos estereotipados de uno u otro lado. Buruma desmitifica tanto a la víctima del asesinato, el provocador cineasta que proyectó textos del Corán en mujeres desnudas, como al asesino, un adolescente que aún despreciando todo lo occidental usaba zapatillas Nike y coqueteaba con muchachas holandesas.
La culpa por haber entregado sus judíos a los Nazis en la Segunda Guerra-el "síndrome Ana Frank"-parece jugar un papel crucial en la forma que tiene Holanda de enfrentar a las minorías. Sin embargo, también operan resabios de un rígido calvinismo. Entregar subsidios no es lo mismo que ofrecer respeto. La exclusión, parece señalar este libro, es parte de la historia de resentimiento que hoy amenaza a una de las sociedades más tolerantes del planeta.