El Diario Financiero - Desde
la academia
Fecha : 01/09/2006
Claudia Heiss, Ciencia Política, New School for Social Research
Identidad: historia de un concepto
Las editoriales académicas publican una amplia y creciente literatura sobre las identidades individuales y colectivas, y sobre el papel que parecen jugar diferencias étnicas o religiosas en los conflictos políticos, guerras y genocidios del siglo 21. Mientras por un lado Samuel Huntington sostiene que vivimos un "choque de civilizaciones", por otro Amartya Sen asegura que las identidades son demasiado fluctuantes y porosas para explicar las confrontaciones de las post-guerra fría.
El filósofo Raymond Martin y el sicólogo John Barresi ofrecen un aporte singular a este debate desde una mirada totalmente distinta en su nuevo libro "The Rise and Fall of Soul and Self: An Intellectual History of Personal Identity" (Columbia University Press, 2006)
Desde la antigua Grecia hasta la postmodernidad, los autores elaboran una historia de los conceptos del "alma" y el "yo" y su evolución en el pensamiento occidental. Muestran que ya en el siglo 5to A.C. existía la conciencia de que las personas estamos en permanente cambio, y la angustiosa pregunta acerca de qué somos en realidad, y qué hace que sigamos siendo los mismos individuos a través del tiempo y las contingencias.
Una temprana respuesta es la idea del alma: una esencia profunda e inmortal propia de cada individuo. Con el avance de la ciencia y el empirismo, sin embargo, el concepto cae en desuso. A partir del siglo 18 se produce un desplazamiento teórico desde lo religioso y lo filósofico hacia lo científico y lo social. El alma es reemplazada por categorías terrenales como "la mente" y "el yo". Más tarde el "yo" se convierte en una construcción social. Sin embargo, el notorio desplazamiento teórico no va a la par con el uso cotidiano de los conceptos. Si para la teoría el alma ha muerto, para efectos prácticos sigue siendo útil para referirse a lo más profundo del ser... aunque eso más profundo no tenga una entidad "real" verificable.
Los autores vinculan esta larga búsqueda de la identidad con un esfuerzo de los seres humanos por elevarse sobre el resto del mundo natural. Un esfuerzo que, a su juicio, está destinado al fracaso. Valdría la pena continuar esta reflexión en el sentido de explorar por qué el consenso filosófico y sicológico en torno a la imposibilidad de una noción unificada y estable del yo no socava, en la práctica, la construcción de fuertes identidades que se viven como categorías sólidas e imutables.