El Diario Financiero - Desde
la academia
Fecha : 30/06/2006
Claudia Heiss, Ciencia Política, New School for Social Research
El maestro de Fukuyama
Leo Strauss, el filósofo judío-alemán que llegó a EE.UU. en 1938 huyendo de la guerra, es considerado como el padre del movimiento neoconservador de EE.UU. Francis Fukuyama, uno de los intelectuales más importante del grupo -recientemente convertido en detractor del movimiento, como explica en "America at the Crossroad"-nos ha dado la oportunidad, en su reciente visita a Chile, de discutir un poco acerca de esta corriente de pensamiento.
En EE.UU, la llegada de Bush al poder hizo que el tema de la escuela straussiana y su influencia tanto en política como en filosofía generase un acalorado debate público. El libro de Anne Norton "Leo Strauss and the Politics of American Empire", comentado aquí hace ya casi dos años, rastreaba las influencias straussianas de los neoconservadores y su relación con la guerra en Irak. Sin embargo, ya entonces la autora planteaba las discrepancias entre el pensamiento de Strauss y la doctrina política de sus seguidores.
En su recién lanzado libro "Reading Leo Strauss: Politics, Philosophy, Judaism" (The University of Chicago Press 2006), el profesor Steven Smith va más allá. Rechaza de plano que haya una relación directa entre los seminarios que dictó Strauss en la U. de Chicago y las políticas de los "halcones" de la Casa Blanca. Según el autor, Strauss ni buscó ni tuvo influencia discernible alguna en lo que hoy se entiende como la ideología de este grupo. Argumenta que, además de no haber participado en ningún partido o movimiento político, Strauss era ante todo un escéptico, contrario a las certidumbres políticas que exhiben algunos de sus supuestos discípulos "neocons". Más bien, lo presenta como una suerte de liberal desilusionado, cercano al pensamiento de los autores liberales de la guerra fría Raymond Aron e Isaiah Berlin.
El libro se compone de varios ensayos dividos en dos secciones: "Jerusalem" y "Atenas". Estas ciudades simbolizan, para Strauss, los dos polos de la cultura occidental: la revelación y la razón. Mientras la segunda lo vincula con la tradición de la filosofía política, la primera tiene su fuente en el misticismo judío, un aspecto menos conocido y de escasa influencia en sus discípulos norteamericanos. Smith, al igual que Anne Norton, asegura que el propio Strauss jamás habría pertenecido al movimiento fundado en su nombre. Su visión dialéctica, donde la religión cumple un papel crucial como contrapeso de las certidumbres ilustradas de la razón, lo aleja del pensamiento neoconservador.