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Fecha : 16/06/2006
Claudia Heiss, Ciencia Política, New School for Social Research
Bismarck, el Canciller de Hierro
Otto von Bismarck, el "Canciller de Hierro", es un prototipo del estadista aristocrático europeo del siglo XIX y, sobre todo, un ejemplo clásico de liderazgo carismático. Conservador y monarquista, se valió de la diplomacia política para reunir a los estados germanos en un imperio. Bajo su dirección, Alemania vivió un periodo de estabilidad que culminó con su renuncia en 1890, por órdenes del nuevo Kaiser Guillermo II.
Más que ofrecer una nueva interpretación sobre las verdaderas intenciones o el papel de Bismarck en el posterior desarrollo político alemán, el historiador de Oxford Robert Gerwarth ofrece un fascinante análisis del uso que distintos grupos ideológicos han dado a la mitológica figura del estadista.
El libro "The Bismarck Myth: Weimar Germany and the Legacy of the Iron Chancellor" (Oxford University Press, 2005) muestra cómo los detractores del joven emperador Guillermo II se convirtieron en los primeros en usar la figura del Príncipe Bismarck para atacar al Kaiser. Curiosamente, Guillermo II no tardó en argumentar que el legado de Bismarck era la causa de sus propios fracasos.
Durante la frágil república de Weimar, antesala del nazismo, el mito de Bismarck sirvió para horadar la democracia parlamentaria, generando nostalgias de un liderazgo fuerte que Adolf Hitler y sus seguidores no tardardon en aprovechar. Sin embargo, una vez comenzada la Segunda Guerra Mundial, la propaganda nazi eliminó completamente la figura de Bismarck, que pasó a ser patrimonio de los enemigos del Reich, en especial los grupos más conservadores y aristocratizantes. Incluso los rusos usaron a un capturado oficial alemán descendiente de Bismarck para difundir mensajes anti Nazis entre las tropas germanas.
El libro ofrece un análisis del profundo impacto que ha tenido este mito en la cultura política alemana, al mismo tiempo que muestra cómo su efecto va desapareciendo en la Alemania moderna. Una encuesta de 1998 reveló que la mitad de los alemanes no sabía quién era Bismarck. Y la estatua del canciller, que solía estar en la entrada del Reichstag, ahora adorna el zoológico de Berlín.
Robert Gerwarth no sólo ofrece nuevos ángulos para entender la crisis de la República de Weimar, sino que deja planteada una pregunta más general: ¿Qué puede enseñarnos sobre el desarrollo político de un país el uso idológico de sus figuras históricas, incluido su abandono?