5 Junio 2006 / Crónica - El Diario Financiero
Heraldo Muñoz, embajador de Chile en la Organización de las Naciones Unidas
Comisión de DD.HH.
“Era un circo de gladiadores”
Desde su oficina, el personero explicó los alcances del nuevo Consejo de Derechos Humanos, defendió la permanencia de Chile en Haití y dijo que la reforma de Naciones Unidas está en marcha.
Claudia Heiss
Nueva York
A partir de junio el nuevo Consejo de Derechos Humanos de la ONU reemplazará a su antecesora, la disuelta Comisión de Derechos Humanos. Por primera vez, los países pudieron elegir a los 47 integrantes que forman el organismo, en una votación secreta que generó polémica en Chile por la postulación de Cuba.
En la antigua Comisión, los cupos se negociaban previamente y cada región presentaba una lista cerrada con tantos candidatos como asientos que ocupar.
Para el embajador chileno, el nuevo mecanismo es un gran paso hacia la transparencia y democratización. Desde su oficina, que mira al famoso edificio de la ONU diseñado por Le Corbusier y Oscar Niemeyer a orillas del East River, Heraldo Muñoz explicó los alcances del nuevo Consejo de Derechos Humanos, defendió la permanencia de Chile en Haití y dijo que la reforma de Naciones Unidas está en marcha.
- El Consejo de Derechos Humanos tiene seis integrantes menos que la antigua Comisión, elegidos por mayoría absoluta y que sesionan un mes más. ¿Le parece que son cambios sustantivos, capaces de superar las deficiencias que tuvo la Comisión?
- La Comisión se había politizado en exceso. Era una arena de confrontación política donde algunos países buscaban condenar a otros y éstos intentaban ser miembros para defenderse. No era más que un circo de gladiadores. Ahora, la situación de los derechos humanos es examinada sin selectividad ni doble estándar: todos son evaluados a través de un método de revisión de pares. En segundo lugar, la votación toma en cuenta el récord en materia de derechos humanos y los países que lleguen a ocupar un asiento deben adherir a los más altos estándares. Se agrega, por primera vez, la posibilidad de suspender a los miembros del Consejo si son violadores sistemáticos de los derechos humanos. Los miembros se eligen por 96 votos en la Asamblea General, mientras que antes un país podía salir con 27 votos. Si bien no se exime la posibilidad de tener votaciones de condena, se enfatiza la cooperación y capacitación técnica, y no tanto la confrontación. Y ahora el Consejo sesionará por lo menos tres veces al año durante al menos diez semanas, con un mecanismo fácil de convocatoria para situaciones urgentes. Así que hay una verdadera reforma, no un cambio de nombre meramente. Y la idea de que sea un Consejo es para dejarla al mismo nivel del Consejo de Seguridad y del Consejo Económico y Social, aunque eso está por verse porque no se aprobó el que sea un órgano principal de Naciones Unidas. Será subsidiario de la Asamblea General, pero eso se evaluará en cinco años.
-¿Qué actitud tomó Chile frente a la candidatura de Cuba al Consejo de Derechos Humanos?
-En esta materia Chile tiene que expresar que la votación es secreta y no vamos a dar a conocer por quién nuestro país vota. Antes, en la Comisión, los votos eran públicos, ahora es una votación secreta e individual. Hay que honrar los términos de la resolución de Naciones Unidas.
-¿Qué opina de la extensión de la presencia militar chilena en la misión de estabilización de la ONU en Haití? ¿Qué efecto ha tenido la colaboración de Chile?
-Me parece esencial extender la participación de las tropas chilenas en Haití en el periodo post-eleccionario, cuando es más necesario que nunca el apoyo a un régimen que está surgiendo con muy buenas perspectivas. No sería lógico que después que hemos asumido un costo enorme en situaciones mucho más peligrosas, ahora que la situación mejora Chile fuera a retirarse antes de tiempo. Hay que ayudar a que el nuevo gobierno se consolide. El aporte de Chile ha sido muy bien evaluado y creo que nos ha dado una gran credibilidad en nuestra política exterior. No se trata sólo de aprovechar las circunstancias favorables de la globalización a través de acuerdos de libre comercio, también hay responsabilidades. Y Chile cada vez más es visto como un país que puede aportar en la comunidad internacional.
-Gran parte de su gestión ha estado dedicada al proceso de reforma de Naciones Unidas. ¿Cree posible modernizar este gigante burocrático?
-Es posible y está ocurriendo. Después de 60 años, ha habido cambios sustantivos como la creación del Consejo de Derechos Humanos o la creación de la Comisión de Construcción de la Paz, que se va a dedicar al post-conflicto, un área donde la institucionalidad de la ONU era muy débil. Tras una guerra civil o un conflicto donde han participado cascos azules, las fuerzas de la ONU se retiran y muchas veces las fracturas étnicas, políticas o sociales rebrotan porque no se ha prestado atención a la estabilidad de largo plazo, la reconciliación o la reconstrucción. Entonces los problemas vuelven al Consejo de Seguridad, lo que significa un gasto de tiempo, medios y la pérdida de vidas humanas. La Comisión se encargará de prevenir esas situaciones.
-¿Y qué pasa con la reforma del Consejo de Seguridad?
-La mayor democratización y representatividad del Consejo de Seguridad es el cambio que tiene más dificultades políticas. Está bastante congelado. Hay dos grandes propuestas, la del “grupo de los cuatro” (Brasil, India, Alemania y Japón) que propone crear seis nuevos miembros permanentes. Eso tiene la oposición de los países llamados “unidos por el consenso” que proponen aumentar los puestos no permanentes y darles mayor duración. Al no haber acuerdo, la posibilidad de llevar a cabo una ampliación del Consejo de Seguridad es muy remota, más aún cuando existe una reticencia por parte de algunos miembros permanentes como Estados Unidos. Soy más bien pesimista respecto de la posibilidad que a corto plazo logremos la necesaria ampliación del Consejo de Seguridad.
Política y academia
Con un doctorado en Estudios Internacionales de la Universidad de Denver, donde
fue compañero de Condoleeza Rice, Heraldo Muñoz ha estado siempre con un pie
en la política y otro en la academia. Aunque reconoce que el trabajo político
exige renunciar a elementos como la búsqueda de la verdad o la neutralidad,
considera que no se trata de ámbitos que vayan en carriles separados. “En las
relaciones internacionales, la academia y la política han venido de la mano por
mucho tiempo. Basta mencionar a Henry Kissinger, Zbigniew Brzezinski o Madeleine
Albright, todos académicos destacados que hicieron una excelente adaptación a
la política”, señala. Sus libros más recientes son “Democracy Rising”
(2005), volumen editado por iniciativa de la Comunidad de las Democracias y que
incluye a autores como Francis Fukuyama y José Miguel Insulza, y “Una guerra
solitaria” (2005), que relata los entretelones de los inicios de la guerra en
Irak desde la perspectiva de la ONU. Este último acaba de ser editado en
España, donde ha generado amplio debate y buena acogida del público. El
lanzamiento en Chile, sin embargo, no tuvo las repercusiones esperadas, lo que
dejó al embajador “desilusionado, pero no sorprendido”.