El Diario Financiero, 19/5/2006

SIN DOCUMENTOS
LATINOS Y LA IDENTIDAD DE EE.UU

Por Claudia Heiss, desde Nueva York.

Este primero de mayo, el siempre concurrido parque de Union Square, puerta de entrada al sofisticado “Village” de Nueva York, ofrecía un espectáculo inusual. Miles de inmigrantes, la gran mayoría latinos, se agolpaban para pedir una nueva política migratoria. Los Angeles, Washington, Chicago y unas sesenta ciudades del país vivieron ese día episodios similares.

En medio de gritos de “sí se puede”, “education, not deportation” y hasta “el pueblo unido jamás será vencido”, un policía indicaba gentilmente y en un chapurreado español por dónde circular. En la pacífica manifestación, niños nacidos en Brooklyn compraban banderitas de la Honduras o el Ecuador de sus abuelos.

Esta semana, una nueva ola de manifestaciones moviliza a millones de inmigrantes mientras el Congreso inicia los trámites de una nueva legislación que se espera entre en vigencia a comienzos del próximo año.

Según la oficina del Censo de EE.UU., los latinos ascienden a 42,7 millones de personas, un 14,5% de la población del país. Además de ser la “primera minoría”—seguidos por los afroamericanos, que forman el 12,7% del total— los latinos son el grupo que crece más rápidamente.

Ante esta realidad, la sociedad enfrenta nuevos dilemas. Las demandas de los inmigrantes despiertan solidaridad –el inmigrante viene a trabajar, huyendo de la falta de oportunidades— pero también competencia y hostilidad por el acceso a recursos limitados como la red de seguridad social y el empleo.

El asunto es crucial para la política interna, pero también para la política exterior. Así lo indica el rechazo del Presidente Vicente Fox al anuncio de George W. Bush de reforzar el trabajo de las patrullas fronterizas con seis mil militares de la Guardia Nacional.

Cuando se acercan las elecciones parlamentarias, municipales y locales de noviembre, el tema migratorio se ha convertido en lo más relevante de la agenda electoral. Y aunque los senadores y representantes republicanos aprueban los anuncios de Bush, aclaran que no basta con reforzar las fronteras para que ellos den su apoyo a la propuesta global del Presidente en materia migratoria.

De la calle al Capitolio

La iniciativa presidencial busca endurecer las sanciones por contratar trabajadores ilegales y también aumentar los recursos destinados a seguridad fronteriza. Pero también pretende normar el trabajo agrícola de temporada que es realizado por inmigrantes, y estudiar el otorgamiento de ciudadanía a algunos de los 12 millones de indocumentados que llevan años viviendo y trabajando ilegalmente en el país.

Mientras la gente marcha en las calles, la verdadera contienda se libra hoy en el Congreso. Una moción parlamentaria para condicionar cualquier debate sobre legislación migratoria al endurecimiento de las fronteras fue rechazada esta semana en una votación que cruzó trincheras partidarias. Y aunque el Presidente ha prometido una nueva normativa para los inmigrantes a partir del próximo año, su capacidad de convencer a los congresistas de ambos partidos está por verse.

Crisis de identidad

La apuesta de Bush ha convertido la reforma migratoria en la carta más importante de la agenda republicana con miras a las próximas elecciones. Por otro lado, desde los atentados del 11-9 los inmigrantes quedaron vinculados a los asuntos de seguridad y la oficina de inmigración pasó a depender del Departamento de Seguridad Interior. El reforzamiento de las fronteras con fuerzas militares es parte de esa política de seguridad.

Pero lo más determinante es la crisis de identidad que la fuerte presencia latina parece estar generando en la sociedad estadounidense. Hace dos años, el destacado cientista político de Harvard Samuel Huntington anticipó el impacto de la inmigración latina en su libro “Who We Are” (Simon & Schuster, 2004). Aunque dio en el clavo al plantear el tema, sus argumentos fueron recibidos con escepticismo o rechazo por la comunidad académica. Huntington sostiene que, debido a su dificultad para asimilarse y a su rápida reproducción, los latinos son una amenaza para la cultura anglo-protestante que define la identidad de EE.UU.

El profesor Aristide Zolberg, del Centro para la Migración, Etnicidad y Ciudadanía de la New School, acaba de publicar “A Nation by Design” (Harvard University Press, 2006), donde sostiene que las políticas de inmigración han sido cruciales en el proceso de formación de la identidad nacional estadounidense. A diferencia de Huntington, ve esta identidad como producto de una construcción en torno a políticas migratorias, y no como una entidad preexistente y amenzada por los inmigrantes.

El actual debate encierra, simultáneamente, un problema político orientado a las elecciones de noviembre y el compromiso republicano de aumentar la seguridad fronteriza en el límite con México. Pero tal vez lo más complejo y determinante de la actual coyuntura es que la sociedad norteamericana está en un punto de inflexión donde debe decidir nuevas fronteras de inclusión o exclusión en su discurso de identidad nacional y en la forma como se ve a sí misma.

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