El Diario Financiero - Desde la academia
Fecha : 19/5/2006
Claudia Heiss, Ciencia Política, New School for Social Research


No se habla español

Ricardo Rodríguez nació en San Francisco, California, en 1944, de padres mexicanos. No habló una palabra de inglés hasta que, a los seis años, ingresó a la escuela católica de una parroquia irlandesa. Las monjas percibieron rápidamente el talento intelectual del pequeño y recomendaron que comenzara a hablar inglés incluso en el hogar. Al mismo tiempo que iniciaba su integración al ámbito público de la vida en inglés, el muchacho empezó a perder la intimidad con su familia, que se había desarrollado siempre en español.

Su autobriografía “Hunger of Memory: The Education of Richard Rodriguez” (D.R. Godine, 1982) es hoy un clásico de la literatura “chicana” y material de lectura en las escuelas de todo EE.UU. El libro narra con honestidad y cercanía los esfuerzos de este adolescente por integrarse a la cultura circundante, y el papel de la educación en su ascenso hacia la clase media.

No se trata de un relato cronológico, sino más bien de una colección de ensayos sobre la experiencia de la asimilación cultural y lingüística. Y aunque, paradójicamente, convirtió a su autor en un bastión de la cultura latina en EE.UU., sigue generando polémica entre los activistas de ese movimiento por su rechazo a las políticas de educación bilingüe y acción afirmativa.

Rodríguez creció con la convicción de que debía dejar su pasado de inmigrante e incorporarse al mundo que lo rodeaba. Sin embargo, con lo años ha ido matizando esa posición, y libros posteriores indican un reencuentro con sus raíces y el español de sus padres.

Estudió en las mejores universidades del país (Stanford, Columbia y Berkeley, donde obtuvo un doctorado en literatura inglesa), recibió becas y premios y publicó varios libros. Hoy, Richard Rodríguez es editor y colaborador en Pacific News Service, la revista Harper's, el Los Angeles Times y la cadena PBS. No hay duda que logró lo que buscaba: pertenecer al establishment. Sin embargo, en el camino aprendió que siempre será latino, y que la inmigración no es un movimiento en una sola dirección, en que los que llegan deben olvidar el pasado. Las identidades son fluctuantes y se influencian mutuamente. Por eso, en un artículo reciente publicado en New Perspectives Quarterly, puede rescatar la presencia mestiza que han incorporado inmigrantes mexicanos como sus padres a un país, hasta hace poco, en blanco y negro.

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