El Diario Financiero, 5/5/2006

David Mares:

"La regulación en Argentina destruyó la industria del gas"

La decisión de Evo Morales de nacionalizar los hidrocarburos ha remecido esta semana a América Latina. Para el cientista político de la Universidad de California en San Diego (UCSD) David Mares, la inestabilidad política de ese país y su dependencia exclusiva del poco ventajoso mercado brasileño explican una falta de inversión que ha impedido al gas boliviano jugar el papel que le corresponde en la región. Mares ha dedicado su carrera a estudiar las relaciones políticas y comerciales entre países de América Latina. Hoy, su foco de investigación son los asuntos energéticos que, según afirma, dependen mucho más de decisiones políticas que de las leyes de la oferta y la demanda. Es un convencido de que la energía puede ser fuente de integración o de conflicto, según cómo se use. Un ejemplo claro es el de Chile y Argentina, "que al principio desarrollaron una estrategia de integración y luego pasaron por una temporada fuerte de conflicto. Y lo que ahora podemos decir es que ha llevado a que Chile tenga menos confianza en Argentina para la integración", asegura.

-¿Pero hasta dónde depende eso de la voluntad política? Porque no se puede culpar al gobierno argentino si de pronto tiene menos gas.

-Argentina tiene muchísimo gas, suficiente para suministrar al mercado interno y externo. Pero, dada la crisis económica, se tomó la decisión de controlar los precios para subsidiar la recuperación. El mercado interno dejó de ser rentable, las empresas desviaron sus ventas al mercado externo y el gobierno intervino para frenar ese "escape de gas", producido no por la escasez sino por la política de precios. No faltaría el gas en Argentina si se permitieran los precios de mercado. Es un problema de las políticas de precios y de regulación de la industria.

-¿Cómo se puede enfrentar la tendencia a la concentración de mercado del sector energético?

El estado debe tener la capacidad intelectual, tecnológica y política para regular estos oligopolios sobre una base real, y no a partir de sueños de precios mínimos. La regulación en Argentina destruyó la industria del gas. En Brasil, en cambio, la ha estimulado. Es increíble ver que Brasil, que en los años '70 no tenía ni petróleo ni gas, hoy está en vísperas de ser autosuficiente en petróleo. La regulación ayuda cuando permite que los precios sean rentables para la empresa. No demasiado altos, pero sí rentables para que una empresa como Petrobras pueda recuperar su inversión. La idea de que podemos tener toda la energía por nada no tiene sentido, tiene un valor y hay que pagarlo.

-Los presidentes Kirchner, Lula y Chávez están promoviendo la construcción de un gasoducto de 12 mil kilómetros, desde Venezuela hasta Argentina ¿Le parece una solución viable?

-Creo que las posibilidades de concretar ese gasoducto son mínimas. Requiere una inversión enorme. Chávez pretende financiarlo con divisas del petróleo venezolano, pero los analistas coinciden en que los altos precios del crudo no pueden durar más de dos años. Podría construirse de otra forma, por ejemplo con financiamiento de multinacionales y el Banco Mundial, pero en ese caso tendría que ser económicamente rentable. Y, tal como lo ven Kirchner y Chávez, la rentabilidad no es un factor. Kirchner no quiere gas rentable, sino gas subsidiado. Bolivia, por otro lado, tiene mucho más gas del que puede usar y está en el centro del continente, sin embargo no está en el centro de esta discusión. Eso demuestra que se trata, antes que nada, de una cuestión política.

El factor Bolivia

-¿Qué efecto cree que tendrá la decisión del gobierno de Evo Morales de nacionalizar los hidrocarburos?

-Podría ser un efecto beneficioso o negativo, dependiendo de varios factores. Si la nacionalización le da a Evo Morales el apoyo político interno para negociar contratos eficientes con quienes tienen el capital que Bolivia necesita y le da acceso al mercado chileno y a otros mercados en la región, podría ser ventajosa. Pero si la medida aumenta en el pueblo boliviano la errónea percepción de que tiene una gran fuerza negociadora frente a Chile y a las fuentes de capital, entonces la decisión complicaría aún más el papel de Bolivia en la integración energética regional.

-¿Y qué se podría hacer para cambiar la situación del gas boliviano?

-Una nueva relación entre Chile y Bolivia contribuiría a generar una nueva relación energética en el continente. Pero aquí volvemos al dilema si la energía es fuente de conflicto o de cooperación. Una de las razones por las cuales Bolivia puso más atención a la cuestión de la salida al mar es que los bolivianos evaluaron que el gas les daba mayor poder negociador. Por décadas los bolivianos se han sentido explotados por sus vecinos respecto a sus recursos energéticos. En 1971 se construyó el primer gasoducto Bolivia-Argentina, pero Argentina descubrió que tenía gas y los precios bajaron. Lo mismo pasó cuando Brasil descubrió que tenía gas. Los bolivianos no recibieron el pago que esperaban. Y ahora sienten que, en la actual coyuntura energética, tienen más poder negociador. Por eso intentan negociar lo que Chile no les quiere dar.

-Pero tampoco han logrado acuerdos para exportar el gas por Perú

-Es que nadie confía en Bolivia. No son sólo las multinacionales. ¡Nadie! Y no es porque el país no tenga oferta de gas, tiene muchísima. El problema es la estabilidad, no sólo de los gobiernos sino de las propias políticas que esos gobiernos adoptan.

Más inversión

-En Chile hay una fuerte discusión sobre la construcción de nuevas centrales hidroeléctricas en la región de Aysén. ¿Cómo evalúa el conflicto entre necesidades energéticas y medio ambiente?

La energía hidroeléctrica tiene altos costos ecológicos, porque requiere grandes represas. Chile necesita generar energía a corto plazo por el problema con Bolivia y la desconfianza con las políticas argentinas, temas que no está en su poder manejar. Yo creo que, en esta situación, a Chile no le queda más alternativa que pagar el costo ambiental. Toda política tiene costos; la decisión de cuáles se pagan es una cuestión política. Como hemos visto en EE.UU., ante una situación de escasez energética el medio ambiente suele pagar ese costo. De lo contrario habría que buscar nuevas fuentes de energía no contaminantes, pero eso requiere de muchos subsidios y mucho tiempo, porque la tecnología no está en condiciones de proveer con energía solar los niveles que hoy se necesitan.

-¿Podría la energía nuclear ser la solución?

-En una etapa las plantas nucleares son limpias, pero en otra son de las más contaminantes. No hay manera de manejar todo el "combustible gastado". Ya lo estamos viendo en EE.UU. ¡No hay dónde ponerlo! Es un problema enorme. Nadie quiere un desecho radiactivo. A mediano plazo la energía nuclear parece muy buena, pero genera problemas de largo plazo. Hace treinta años se decía: bueno, cuando empecemos a tener desechos radiactivos ya habremos descubierto la tecnología para manejarlos. Han pasado los años y todavía no existe tal solución.

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