El Diario Financiero - Desde la academia
Fecha : 28/4/2006
Claudia Heiss, Ciencia Política, New School for Social Research


Votar no es suficiente

Desde hace un tiempo, la teoría política se muestra escéptica de definiciones mínimas que catalogan como “democracia” cualquier régimen con tal que incluya elecciones. Parece haber consenso en que, además del voto cada cierto tiempo, una democracia robusta requiere participación ciudadana y un debate amplio y plural sobre los asuntos públicos. De allí que una prensa libre y la existencia de organismos sociales independientes del estado se consideren parte esencial de un sistema democrático.

Superada la fórmula “mayoría de votos gana” como mecanismo para decidir qué es una decisión democrática, la democracia deliberativa busca en el proceso de diálogo y el libre intercambio de razones fundadas e informadas la respuesta al dilema de la decisión pública.

Desde esa óptica, el filósofo John Rawls decía que personas con distintas concepciones sustativas del bien son capaces de ponerse de acuerdo para intercambiar argumentos razonables. Jurgen Habermas desarrolló el concepto de “esfera pública” y la teoría de la acción comunicativa, donde la facultad de esgrimir argumentos entre personas iguales y libres de coerción es requisito para que haya democracia.

John Dryzek pretende ir más allá en su libro “Deliberative Democracy and Beyond” (Oxford University Press, 2002). Aunque destaca el giro hacia la democracia deliberativa que ha tomado el pensamiento político a partir de los ’90, rechaza el constitucionalismo liberal de Rawls y Habermas, y ofrece en su lugar una mirada provocadora y radical.

El libro entrega una interesante revisión del estado en que se encuentra el debate sobre democracia deliberativa. Una vez establecida su crítica a las soluciones liberales y a las políticas de identidad, se propone ir más allá del paradigma predominante. Su objetivo es alcanzar una teoría que sea crítica de los poderes constituidos y donde el discurso esté realmente libre de dominación.

Dryzek critica al constitucionalismo liberal –rawlseano o habermaseano—por tomar la deliberación como un mero instrumento para llegar a la voluntad colectiva, y no como un fin en sí mismo. También propone aplicar el esquema deliberativo más allá del marco institucional conocido: sugiere una esfera discursiva internacional donde la sociedad civil global tendría un rol preponderante, y aplica su modelo al ecosistema y la política ecologista. Aunque estas “extensiones” de la teoría parecen, en ocasiones, discutibles, contribuyen elementos novedosos al debate.

El énfasis en la incompatibilidad entre democracia deliberativa y democracia liberal, en cambio, cierra injustificadamente la posibilidad de que sistemas políticos reales se acerquen al modelo discursivo que propone el autor. En el intento por poner de relieve que el voto no basta, el peligro es perder de vista que las elecciones siguen siendo importantes para un sistema democrático.

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