El Diario Financiero - Desde la academia
Fecha : 10/3/2006
Claudia Heiss, Ciencia Política, New School for Social Research


El giro de Fukuyama

Aunque su famoso libro "El fin de la historia y el último hombre" ha sido reconocido como uno de los pilares teóricos del movimiento neo-conservador que domina la política exterior de EEUU, Francis Fukuyama ha decidido descolgarse del grupo. La explicación la ofrece en su nueva obra "America at the Crossroad." (Yale University Press, 2006)

La "encrucijada" que anuncia en el título es la decisión que debe tomar la superpotencia entre seguir sobreestimando su poder y credibilidad para imponer la democracia en el mundo, o adoptar una visión más realista y escéptica.

Y aunque varios han criticado su rechazo a las políticas neoconservadoras en Irak como un vuelco oportunista a la luz del fracaso por imponer la paz y la democracia en ese país, el autor se esmera por describir, en este breve texto, las complejidades de esta filosofía que se nutre de la izquierda y la derecha, el mesianismo y el escepticismo.

Es cierto que, como ha acusado el neconservador William Kristol, Fukuyama se está bajando del carro sin ofrecer una alternativa viable. Kristol señala que EEUU no puede echar pie atrás ahora y dejar que los iraquíes se las arreglen solos con una guerra civil. Y Fukuyama está, en parte, de acuerdo. Sigue pensando que sería un error retirarse del Medio Oriente, pero considera que hay que tomar en cuenta el antiamericanismo que ha generado la política exterior de los últimos años. Después de todo, reconoce que no es fácil convencer a la opinión pública de que los derroches de sangre y dinero en Irak sólo se basan en buenas intenciones, y no en intereses.

Mientras sus detractores lo acusan de traicionar su pensamiento, Fukuyama acusa al movimiento "necon" de alejarse de sus propios principios, y de ser incapaz de resolver sus contradicciones internas.

El libro resume en cuatro puntos centrales la doctrina neconservadora: Contra el realismo, no les es indiferente cómo sean internamente los regímenes, porque la política exterior debe expresar los valores de la democracia liberal. Contra los aislacionistas, propone usar el poderío estadounidense para fines morales en la esfera internacional. Contra la izquierda, desconfía de los proyectos de ingeniería social. Y contra los internacionalistas liberales, es escéptico respecto de la legitimidad y efectividad del derecho internacional para lograr seguridad y justicia en el mundo.

Finalmente, el profesor de Harvard expresa las propias contradicciones que acusa en el ideario neoconservador. Por un lado, sostiene que la democracia es fruto de un proceso social lento, y no de una tarea de ingeniería social. Pero el principio de la limitada capacidad del estado choca con la doctrina de "hegemonía benévola" según la cual EEUU debe usar su poder para promover los principios morales de la democracia liberal.

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