El Diario Financiero, 24/2/2006

EVELYNE HUBER
“Un estado de bienestar viable no debe subsidiar la inactividad”

Claudia Heiss

Una de las máximas autoridades mundiales en políticas sociales estuvo de paso por Santiago para participar en una jornada sobre calidad de la democracia del Woodrow Wilson Center y Flacso-Chile. Sentada en el lobby de su hotel, y sin perder ni por un segundo el hilo de sus ideas, esta Doctora en Ciencia Política por la Universidad de Yale y actual profesora en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill rechazó de plano la anunciada muerte del estado de bienestar, respaldó la reforma a las AFPs y señaló que Chile tiene mucho que aprender de los países nórdicos. Autora de varios libros sobre el tema y con un fuerte respaldo estadístico, Huber ha comparado los sistemas de bienestar en más de treinta países del mundo, sacando importantes lecciones que podrían ser útiles en la coyuntura actual de nuestro país.

-Las socialdemocracias escandinavas fueron por décadas el ejemplo a seguir para los defensores del estado de bienestar ¿Falló ese modelo?

-No, para nada. Los países escandinavos atravesaron una crisis económica por el sobrecalentamiento de la economía a fines de los 80, y por la falta de una acción correctiva oportuna. El desempleo aumentó y todo el mundo dijo: bueno, ahora sí que el estado de bienestar está en crisis. Pero fue un problema temporal. A fines de los 90 el desempleo había bajado. El problema es mucho más grave en Europa continental. Una diferencia es que el estado de bienestar escandinavo se orientó a la fuerza laboral: financió la capacitación, el traslado de trabajadores desde zonas deprimidas a otras donde hubiera empleo. También aumentó la masa trabajadora a través de servicios sociales de cuidado infantil y de ancianos, que ayudaron a incorporar a la mujer. Eso significa que hay más personas aportando recursos, lo que lo hace más sostenible. Esto contrasta con Alemania, Austria, Francia o Italia, donde el estado de bienestar ha subsidiado la inactividad. Cuando hay desempleo, ponen a mucha gente en programas de jubilación anticipada o de incapacidad. La participación de la fuerza laboral como porcentaje de la población disminuye, y ese costoso estado de bienestar se vuelve menos sostenible. Lo mismo ocurre allí donde la fuerza laboral femenina es baja. Ahora, por supuesto que los países nórdicos han reformado en parte su sistema de pensiones para hacerlo más funcional a las nuevas condiciones demográficas y económicas. Pero la red de protección social sigue siendo tan fuerte como siempre.

-¿Usted no interpreta las manifestaciones de noviembre pasado en Francia como prueba del fracaso del estado de bienestar?

-Eso tuvo más que ver con el sentimiento de no estar integrados. Por supuesto que se vincula con la falta de integración laboral. En muchos sistemas europeos la inmigración es un problema. Pero es principalmente un problema social, y sólo secundariamente un problema del estado de bienestar.

-¿La desigualdad de ingreso perjudica al crecimiento económico o más bien las políticas redistributivas amenazan la competitividad, la inversión extranjera y el comercio?

-No he encontrado evidencia de que las políticas redistributivas sean un obstáculo al crecimiento. Sí existe alguna evidencia, en países de la OECD, de que sociedades más igualitarias son mejores para el desarrollo económico.

Hay datos de “alfabetismo funcional” entre adultos, es decir, que las personas puedan comprender un formulario, y de habilidades cuantitativas básicas como poder sumar una cuenta, que señalan que en sociedades más igualitarias el 25% de menores ingresos tiene mejores habilidades. Eso significa que se está mejor equipado para el crecimiento. Lo interesante es que estas habilidades no se correlacionan con el gasto en educación. O sea, no importa cuánto se invierta: a mayor desigualdad, menores habilidades, y viceversa.

Ahora, respecto a los países en desarrollo, hay evidencia que muestra que niveles muy altos de desigualdad son perjudiciales para el crecimiento porque generan falencias de capital humano.

-¿Pero es compatible para una economía pequeña como la chilena integrarse al mundo y al mismo tiempo generar una red de protección social?

-Definitivamente se puede. Ese es uno de los mitos: que la globalización genera una carrera porque iguala hacia abajo.

La mano de obra barata no lo es todo, las habilidades son importantes. Si se trata de coser, claro, la mano de obra es lo que importa. Pero esa no es una buena base para un modelo de desarrollo, porque ahí América Latina no puede competir con China. Hay que tener en cuenta que los países nórdicos, por ejemplo, siempre han sido comparativamente abiertos. Han perdido competitividad en ciertas áreas y han sido capaces de adaptarse. Han invertido en investigación y desarrollo y se convirtieron en líderes en telecomunicaciones.

Hay que invertir en nuevos sectores, y no aferrarse a la mano de obra barata. El estado de bienestar es como un salario social. Así como se pueden mantener buenos salarios, con sectores altamente productivos también se puede mantener el estado de bienestar.

-El desempeño económico de Chile se menciona a menudo como una excepción en el contexto de América Latina, y como prueba de los beneficios del libre mercado, las privatizaciones y la apertura comercial.

-En primer lugar, Chile siempre ha tenido un estado más efectivo que la mayoría de los demás países latinoamericanos. Y ya sea con un modelo de mercado o con uno más estatista, un estado efectivo siempre es importante.

Los mercados necesitan ser apoyados, regulados... no se administran solos. Ciertamente el libre mercado es bueno una vez que se tiene. Lo difícil es llegar hasta ahí. Los costos sociales en Chile fueron muy grandes, y se pagaron bajo Pinochet. Y hay que observar también que Chile es hoy uno de los países más desiguales en América Latina, después de Brasil y Guatemala. Aún hay costos sociales. Pero en general a los países de la región con economías más abiertas les ha ido mejor. Son las tranformaciones rápidas las que han sido costosas.

Pensiones públicas v/s privadas

-Mientras el Presidente Bush alaba el sistema chileno de AFPs, Michelle Bachelet promete reformarlo…

-Es un sistema muy caro. Los costos de administración son muy, muy altos, porque se trata de compañías con fines de lucro. En EE.UU. ocurre lo mismo con la parte privada de la previsión. Tenemos la Seguridad Social básica, pero muchos, como yo misma, tenemos cuentas individuales de pensión. Esas cuentas son más caras de administrar, porque implican tomar decisiones. También implican riesgos individuales, uno puede tomar las decisiones erradas. Y si al momento de jubilar el mercado está deprimido, bueno, mala suerte.

Básicamente, ¡uno no tiene una red de protección! El estado chileno garantiza un nivel mínimo con las pensiones asistenciales para los más desposeídos. El problema es que aún deja a las personas bajo la línea de la pobreza. También hay una pensión mínima, pero requiere haber cumplido una cantidad de años de servicio, y mucha gente no los tiene. Si el estado realmente quiere garantizar una vida decente por sobre la línea de la pobreza para las personas mayores, entonces tiene que sacar recursos de los impuestos. Con las cuentas individuales no hay solidaridad, no hay redistribución en el sistema. Finalmente el estado puede decir, O.K., el 50% ó 60% de la población puede ser pobre cuando sea mayor... o puede decir: tendremos que financiarlo de todas maneras, así que busquemos otra forma.

-¿Qué sistema de pensiones funciona realmente bien en el mundo?

-El suizo funciona muy bien. Tiene un componente público y otro basado en el empleo que es privado, donde todos los empleadores deben contribuir. No podría ser trasplantado a América Latina por el problema del sector informal. Así que hay que pensar qué sistema sería adecuado para la región, y ahí realmente hay que mirar a los países nórdicos de la década del 50, que eran más agrarios, con menos gente en el sector industrial formal. Lo que instituyeron fueron pensiones básicas financiadas con los impuestos generales. De manera que al envejecer, se tenía derecho a una pensión básica pero que garantizaba una subsitencia por sobre la línea de la pobreza. Si se mira el PGB de esos países, es similar al que tienen hoy los países latinoamericanos más avanzados. Es donde se encontraban los países nórdicos a mediados del siglo 20, y es algo que sociedades en ese nivel de desarrollo pueden financiar.

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