El Diario Financiero - Desde la academia
Fecha : 17/2/2006
Claudia Heiss, Ciencia Política, New School for Social Research


Espiando ciudadanos

Las comunicaciones de las oficinas de la misión de Chile en Nueva York y misiones de otros países que entonces formaban parte del Consejo de Seguridad de la ONU fueron intervenidas por la agencia estadounidense de seguridad nacional (NSA), cuando se definía la intervención del Consejo en Irak. Según un informe del N.Y. Times, el espionaje ha involucrado desde entonces no sólo a extranjeros, sino a miles de estadounidenses que, fuera de todas las leyes de protección a la libertad y la privacidad, tienen hoy sus teléfonos, faxes y computadores intervenidos.

La historia secreta del espionaje en EEUU post-11 de septiembre es el tema de "State of War" (Free Press 2006), el recién publicado libro de uno de los autores de ese reportaje, el periodista James Risen. Aunque no descarta que el presidente esté al margen de los abusos de sus agencias de espionaje -lo que parece dudoso-, sí denuncia la politización de la inteligencia, que llevó a "cocinar" información para justificar la guerra en Irak. El congreso y el poder judicial aparecen como los grandes culpables de permitir esos abusos. También la prensa y la opinión pública se llevan parte de la responsabilidad.

La NSA viola el Acta de Vigilancia de Inteligencia Exterior de 1978, aprobada para evitar que los presidentes usen a su antojo a las agencias de inteligencia. La norma fue una reacción a las investigaciones contra quienes protestaban por la guerra de Vietnam, considerados "sospechosos" por el gobierno. El Acta quedó de hecho anulada, según muestra la investigación de Risen, con el papel de las agencias de inteligencia en el origen y la conducción de la guerra en Irak.

Además de espiar ciudadanos sin autorización judicial, la NSA ha desarrollado un programa secreto de "minería de datos" que consiste en interceptar grandes volúmenes de comunicaciones y buscar patrones sospechosos de actividad terrorista. Justamente ese tipo de búsqueda masiva e indiscriminada es lo que el Acta de 1978 buscaba prevenir. El libro revela también evidencia sobre el desmantelamiento de programas de armas de destrucción masiva en Irak, información que la CIA no entregó a las autoridades políticas por no coincidir con los intereses de la administración.

Una "presidencia de guerra" bien puede valerse de supuestas amenazas a la seguridad nacional como excusa para consolidar e incrementar su propio poder, y para acallar a la oposición. Las revelaciones de este libro apuntan al peligro para las libertades ciudadanas que plantea un poder ejecutivo sin los debidos contrapesos del congreso, la justicia y una activa opinión pública.

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