El Diario Financiero - Desde la academia
Fecha : 27/1/2006
Claudia Heiss, Ciencia Política, New School for Social Research


La violencia según Hannah Arendt

Seis años antes de su muerte, e inspirada por las masivas protestas estudiantiles de 1968, la teórica política Hannah Arendt escribió "On Violence" (Harcourt Brace & Company, 1969). El breve estudio establece una distinción radical entre los conceptos de violencia y poder, contradiciendo la definición de Clausewitz que entiende la guerra como una continuación de la política por otros medios.

Cada cierto tiempo, nuevos estudios retoman estas influyentes 87 páginas. Volúmenes bastante más abultados intentan explicar con este marco conceptual los movimientos anti-globalización de los '90 o los ataques terroristas del 2001. El punto central en el análisis de Arendt es que, tanto desde la derecha como desde la izquierda, los teóricos se han equivocado al asimilar la violencia con el poder, en circustancias que se trata de nociones antagónicas. Toda reducción de poder es una invitación abierta a la violencia, señala, porque es difícil para quienes tienen el poder y perciben que se les escapa de las manos resistir la tentación de sustituírlo por violencia. Pero si la violencia puede destruir el poder -el cañón de un arma genera instantánea y efectiva obediencia-, es incapaz de producirlo.

El argumento fue, en su tiempo, un ataque frontal a la llamada "nueva izquierda" -movimiento con que la autora era afin- y su fe en el uso de la violencia durante las revueltas estudiantiles. Para Arendt, el camino de la violencia no sólo termina por convertirse en un fin en sí mismo sino que traiciona los principios de Marx y Engels que sus defensores pretendían seguir. El poder, y no la violencia, es el que puede generar el consentimiento que hace posible la convivencia entre personas con ideas distintas. Por eso, la violencia juvenil del 68, dirigida contra la burocratización del mundo occidental de post guerra era, según ella, una respuesta política inadecuada.

Finalmente, tener que recurrir a la violencia es una muestra de debilidad política. Aunque el texto no adopta un rechazo pacifista al uso de la violencia, Arendt advierte los peligros de recurrir a ella. Dado que los fines nunca se pueden predecir con certeza, los medios que se usan para alcanzar objetivos políticos suelen ser más importantes que los fines mismos. Las acciones violentas son irreversibles, y la práctica de la violencia termina por permear todo el cuerpo político. Por eso, señala que "la práctica de la violencia, como toda acción, cambia el mundo, pero el cambio más probable es hacia un mundo más violento."

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