El Diario Financiero - Desde
la academia
Fecha : 20/1/2006
Claudia Heiss, Ciencia Política, New School for Social Research
Señora Presidenta
Desde Liberia, donde asistió a la toma del mando de la primera presidenta de ese país, Condoleezza Rice afirmó que no está intersada por la carrera presidencial del 2008. Sin embargo, su aprobación de 60 por ciento -10 puntos más que el Presidente Bush-la convierte en una carta atractiva para los republicanos, como ha dicho estos días el propio vocero de la Casa Blanca. Los demócratas, por su parte, tienen en Hillary Clinton a una candidata fuerte, que desde su puesto de Senadora por Nueva York viene hace rato preparando su plataforma presidencial.
El matrimonio formado por la comentarista política y editora de la revista Newsweek Eleanor Clift y el periodista Tom Brazaitis predijo que el 2008 podría ser el año de las mujeres a la presidencia de EE.UU. Irónicamente, su libro "Madam President: Shattering the Last Glass Ceiling" (Scribner, 2000) -actualizado en una re-edición de Routledge el 2003- parece más una pesimista mirada a los múltiples obstáculos que enfrentan las mujeres en política que un impulso a la paridad de género en esta actividad tradicionalmente masculina. El libro recopila entrevistas con casi todas las mujeres que han ocupado cargos de poder en EE.UU. en la última década y ofrece recomendaciones comunicacionales para sus asesores.
Lo más difícil para las mujeres en la política norteamericana ha sido conseguir el dinero para sus campañas. Las candidatas han debido hacer malabares para convencer a sus donantes de confiar en ellas. Otra desventaja es el tema de la familia. Clift y Brazaitis señalan que las mujeres están permanentemente expuestas al cuestionamiento de sus relaciones familiares. Si las casadas son acusadas de abandonar a esposo e hijos, las solteras lo son de ser lesbianas o de tener problemas emocionales. Deben parecer fuertes, pero no estridentes. Por eso, advierten, una eventual candidata presidencial debe evitar caer en estereotipos. Las exigencias de una mujer son también mayores en cuanto a su apariencia, y mientras los candidatos suelen hacer campaña con su esposa e hijos, las candidatas en general lo hacen solas porque se asume que los maridos están abocados a otras tareas profesionales.
Aunque la presencia de mujeres en cargos políticos se ha más que quintuplicado en EE.UU. desde 1969, las senadoras, diputadas y gobernadoras todavía no llegan al 10 por ciento del total. La política norteamericana sigue siendo un club de Toby. El principal obstáculo para que una mujer llegue a la Casa Blanca es, entonces, que no existe una masa crítica de mujeres en esta actividad, que demuestre que las políticas son tan buenas y tan malas como los políticos.