El Diario Financiero - Fecha : 13/1/2006

Adelante, sin Sharon

Claudia Heiss, desde Israel y Cisjordania

Lo más impactante de la política israelí en los últimos años ha sido el vuelco político del Primer Ministro Ariel Sharon con la creación del partido Kadima, que significa "Adelante". De intransigente promotor de los asentamientos israelíes en Gaza y Cisjordania, el insubordinado general se convirtió en el primer político en décadas en lograr avances hacia la paz, al desmantelar unilateralmente algunos de los asentamientos que había ayudado a construir. A semanas de las elecciones parlamentarias palestinas, previstas para el 25 de enero, y a unos meses de los comicios israelíes del 28 de marzo, la separación de Sharon del derechista Likud para crear Kadima generó en sectores de izquierda y derecha una expectativa de avanzar hacia la consolidación de un estado palestino con fronteras seguras, respetuoso de la existencia de Israel y libre de terrorismo.

Entre finales de diciembre y comienzos de enero, un Sharon con sobrepeso y algo delicado de salud parecía, sin embargo, tener para rato. El ex ministro de justicia y presidente del partido de izquierda liberal Meretz-Yahad, Yossi Beilin, vaticinaba desde su oficina en Tel Aviv, y en el impecable inglés que perfeccionó durante sus años como estudiante en la New School de Nueva York, que el liderazgo de Sharon sería la razón de ser del nuevo partido. "Kadima es un partido personal. La edad de Sharon determina su fin. Después del 2010, ¿tendremos el mismo escenario, o habrá una realineación en la arena política?" se preguntaba.

Hoy el futuro de esta opción "centrista" se encuentra en entredicho. El primer ministro no podrá retomar sus funciones como jefe de gobierno. En el intertanto, el vice-primer ministro Ehud Olmert, también de Kadima, ha asumido ese papel. La Knesset, el parlamento israelí, deberá decidir quién asumirá el poder hasta las elecciones de marzo. Y mientras el sistema político israelí parece suficientemente estable para adecuarse a estas turbulencias, es menos claro cómo afectarán al delicado proceso en que se encuentra la Autoridad Palestina (AP).

A pocos kilómetros de la bullante y moderna Tel Aviv, la Cisjordania muestra un aspecto muy diferente. Para ingresar a los territorios palestinos es necesario cruzar una serie de "checkpoints" o controles fronterizos, donde soldados israelíes, atrincherados en torres protegidas por sacos de arena, revisan los documentos de los automovilistas.

Grandes letras de pintura azul descascarada anuncian en inglés al inexistente turista que se encuentra en la ciudad más antigua del mundo, con 10 mil años: Jericó. Un bombardeado casino habla de antiguos visitantes que apostaban en tierra palestina porque el juego está prohibido en Israel. Cruzando calles polvorientas se llega a una peculiar casona que alberga las oficinas del jefe negociador palestino Saeb Erakat. También con un excelente inglés, se excusa de llegar tarde a la cita porque se quedó hasta altas horas de la madrugada negociando la fusión de las dos listas del partido de gobierno, el conservador Fatah, para los comicios parlamentarios de enero. Erakat pertenece a la vieja guardia de Fatah, la misma que hoy se aferra al poder ante la doble amenaza de una nueva generación de líderes que intentan hacerlos a un lado, y el creciente apoyo que adquiere el partido fundamentalista Hamas.

Con un asiento asegurado como representante de Jericó, la ciudad de sus padres, Erakat cree que postergar las elecciones sería fatal. En eso se diferencia de sus antiguos camaradas de partido, que esperan que un aplazamiento les permita ordenar la casa e imponerse sobre los jóvenes rebeldes. Mientras toma el café negro que le ha traido una secretaria que cubre su cabeza con un pañuelo, explica que la muerte de Arafat no fue el comienzo de una nueva era, porque la burocracia del gobierno no cambió. "Esta elección lo es. Condoleeza Rice me dijo esta semana que para Estados Unidos es claro que posponer la elección sería devastador. Hamas no va a lograr más de un 25%. Yo no quiero que mis hijas sean obligadas a cubrirse con un velo porque alguien cometió un error en Tel Aviv o Washington".

Yossi Beilin y Saeb Erakat coinciden en que la paz es el mejor antídoto contra el fundamentalismo. También reconocen que Hamas, a pesar de su discurso violentista, es un actor político relevante con el que hay que sentarse a conversar. El partido, que forma parte de la Hermandad Islámica, ha moderado su plataforma política con miras a las elecciones. Al igual que Fatah, Hamas propone la creación de un estado palestino con Jerusalem oriental como capital. Aunque mantiene su defensa de la lucha armada, en su último documento no menciona la destrucción de Israel y afirma su adhesión a la vía electoral.

"Yo le digo a Estados Unidos que no se combate el fundamentalismo con armas y marines, sino diciendo a la gente: ustedes rezan a Alá, ellos usan a Alá. Yo soy musulmán; los musulmanes deberían avergonzarse de no hacer nada contra el terrorismo", dice Erakat. "Lo que se necesita hoy es democracia. Estos malditos occidentales que dicen que los árabes no están preparados para la democracia no son más que racistas. Estados Unidos debe promover la paz entre Palestina e Israel ¿Por qué está creciendo Hamas? Porque son más astutos. Nosotros (Fatah) hemos sido estúpidos. En Nablus llevamos cinco listas diferentes. Entonce Hamas pone un candidato respetado y gana".

El parlamentario israelí, por su parte, opina que el proceso palestino es promisorio, aunque le falta disciplina, y que Hamas es parte de él. "No deberíamos bypasear a Fatah para hablar con Hamas, pero tendremos que hablar con ellos", afirma Beilin. "Hamas dice que no quiere negociar nada, pero la gente cambia. Los seres humanos reaccionan a la inseguridad."

El problema, según el académico palestino Riad Malki, es que los palestinos no han logrado transitar desde una etapa de resistencia revolucionaria a una de construcción del estado. "Como aún hay ocupación, sigue la resistencia, ya sea pacífica o armada. Un ejemplo son las protestas y acciones contra el muro (construido por Sharon para separar zonas israelíes de las palestinas). Hamas quiere participar de las dos: de la resistencia armada y también del proceso político. Estas vías coexisten en forma paralela". El profesor Malki dirige desde Ramallah la ONG Panorama, un centro palestino destinado a promover la democracia y el desarrollo comunitario. Esta ciudad, sede del gobierno de la AP, muestra mejor infraestructura, buenas calles y algunos edificios modernos construidos con ayuda de la cooperación internacional. En un excelente español de marcado acento ibérico, Malki cuenta que cada vez que participa en congresos y encuentros internacionales debe demostrar que ha sido invitado por una institución y conseguir un permiso especial para salir de Cisjordania.

Al igual que Erakat, opina que el pueblo palestino es esencialmente laico, y que Hamas no seguirá aumentando su popularidad. "Aunque estamos en un proceso de aprendizaje, hay consenso respecto del tipo de democracia que queremos: un modelo europeo, de libre mercado con justicia social, con igualdad de oportunidades y derechos entre hombres y mujeres, con representación y participación". Explica que recién en 1988 se sumó la dimensión religiosa a una resistencia palestina que surgió como un movimiento nacionalista. "Pero los palestinos siguen siendo laicos. Su foco son los problemas de la vida diaria. El problema es que no existen partidos nuevos que respondan al cambio desde la resistencia a la construcción del estado. Los partidos siguen vinculados a la primera resistencia. Somos rehenes de una etapa anterior", indica.

Para Malki, las elecciones de enero pueden ayudar a desarrollar un pensamiento orientado a la construcción del estado, generando la oportunidad de crear nuevos partidos. "La elaboración de listas nuevas podría llevar a nuevos partidos. Hasta hoy, los grupos nuevos son una continuación del pasado. La juventud, que es el 60% de la población, no está organizada. La lista alternativa que presentaron las nuevas generaciones del Fatah podrían ser el inicio de una etapa de mayor representación de los jóvenes".

Estos tres entrevistados, y muchas otras personas de la calle, creen que la mayor parte de la gente está por un acuerdo de paz. "El problema -explica Malki- es que los partidos no representan el pensamiento centrista de la población palestina e israelí. Cuando Sharon decidió formar Kadima, mucha gente encontró ese centrismo. Los palestinos necesitan algo similar a Kadima. Sólo tenemos a Fatah, que es de derecha, y a Hamas, que es religioso. La pregunta es cómo construir ese liderazgo."

Con Sharon fuera de la escena, el supuesto centrismo de Kadima se vuelve menos claro. Pero su repentina popularidad, incluso entre personas que jamás pensaron apoyar al responsable de las masacres de Sabra y Shatila, durante la guerra del Líbano, muestra que ese espacio político está ahí. ¿Por qué, si existen las propuestas y la mayor parte de la gente quiere paz, no se llega a un acuerdo? Beilin apunta a un elemento clave. Demasiada gente ha vivido del problema durante 60 años. "Es como lo que ocurre en Cachemira: tanto la industria militar como los grupos por la paz se nutren del conflicto. El acuerdo de Ginebra (una iniciativa extraoficial aprobada el 2003 por representantes de ambas partes) era una propuesta simple, que enfrentó a los líderes a la pregunta: ¿realmente quieren resolver el conflicto? La propuesta tuvo gran apoyo entre palestinos e israelíes, pero para los líderes fue el fin del mundo".

Intereses económicos, demográficos, religiosos, ideológicos inciden en la percepción de que, aunque está tan cerca, la paz entre israelíes y palestinos no se va a lograr. No porque no sea posible encontrar una solución, sino porque los actores claves no están interesados en que ello ocurra. Sharon, por las razones que sea -y la demografía es sin duda una imoortante- parecía dispuesto a romper este statu quo. La pregunta hoy es quiénes y hasta dónde están dispuestos a seguir esa senda.

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