El Diario Financiero - Fecha : 13/1/2006

Cientista político de la Universidad de Oxford
Alan Angell: una mirada británica a los “ingleses” de América Latina

Alan Angell, profesor del Saint Antony’s College de la Universidad de Oxford y especialista en política chilena y latinoamericana, visitó el país entre diciembre y comienzos de enero y aprovechó de lanzar su nuevo libro “Elecciones presidenciales: democracia y partidos políticos en el Chile post-Pinochet”, de Ediciones Centro de Estudios Bicentenario. Pero, por sobre todo, vino a observar las elecciones y a recopilar material clave para su próxima obra, en la que realizará una comparación entre las cuatro elecciones presidenciales chilenas desde 1990. Poco antes de regresar a Inglaterra, confesó a Diario Financiero su asombro por el avance en las obras públicas de este país que recorre desde hace décadas, y se mostró optimista respecto de su consolidación democrática. Con miras a las elecciones del domingo, aseguró que tanto la Concertación como la Alianza ofrecen garantías de estabilidad política.

-Usted mencionó en una entrevista antes de la primera vuelta, el foco en las características personales de los candidatos. ¿Cree que eso obedece a que no existen diferencias programáticas sustantivas?

-En parte es debido al sistema presidencial, pero también es cierto que hay poca diferencia sustantiva entre los candidatos, al menos en la política macroeconómica. Bachelet y Piñera tienen una promesa muy similar: aumentar el empleo, mejorar la educación, disminuir la delincuencia. Así que el énfasis se pone en quién tiene más posibilidad de ser exitoso porque es mejor administrador, tiene más apoyo político o más simpatía. Esto no es necesariamente una crítica a la política chilena, sino un fenómeno que se debe a tres cosas: primero, al sistema presidencial. Segundo, a que hay pocas diferencias entre los dos grandes bloques –a veces hay más diferencias dentro de cada bloque que entre ellos- y tercero, al éxito de la Concertación. Si uno tiene una fórmula exitosa ¿por qué cambiarla? La diferencia en el desempeño de Chile respecto de cualquier otro país de América Latina en los últimos 16 años es notable. No estoy diciendo que no haya problemas, pero también hay muchas razones para pensar que el modelo está funcionando bien, va en la dirección correcta.

-¿Ve diferencias entre los candidatos en el tema de la distribución de la riqueza?

-Yo diría que no. Hay un artículo muy interesante que dice que lo que está pasando en Chile es un cambio de rol: que la Concertación está defendiendo el modelo neoliberal y la derecha está atacándolo. Todos los candidatos abordaron el problema de las desigualdades y propusieron solucionarlo por la vía de generar más empleo, mejorar la educación, etc. Todo el mundo coincide en que hay un problema serio de desigualdad en Chile y las medidas que se sugieren para solucionarlo son similares. Hay pocas diferencias en el diagnóstico y en el tratamiento del problema.

-¿O sea que da lo mismo quién gane y quién gobierne?

-No, de ninguna manera. Si un presidente tiene un congreso disciplinado que lo apoya, eso crea gobernabilidad. Mucho depende no sólo del comportamiento del gobierno, sino también de la oposición. Chile ha tenido éxito en crear acuerdos en cosas importantes, como la reforma de la constitución. Si la oposición, por ejemplo, después de la elección decidiera tomar un camino más confrontacional, eso crearía dificultades. Es muy difícil decir hoy día que si gana Bachelet o Piñera el desarrollo va a ser tal o cual. Siempre puede ocurrir algo inesperado: una caída del precio del cobre, una tensión más marcada con Perú y Bolivia... y en ese escenario, mucho depende de la calidad del presidente.

-Si gana la Concertación, su próximo libro sería una historia de continuidad y de la estabilidad de la coalición...

-Continuidad sí, pero también cambios, aunque no tan dramáticos como los que hay en otros países de América Latina. En esto, el desarrollo político de Chile es mucho más parecido con los países europeos. Hay cambio de gobierno, pero eso no es dramático para la política social y económica, es normal. Lo diferente de Chile es que no ha habido una alternancia en el poder y siempre hay el peligro de que, si se sigue eligiendo a la misma coalición año tras año, se produzca cierto nivel de complacencia o aumente la corrupción. No digo que eso esté ocurriendo en Chile, pero existe el peligro. Algunos piensan que parte de una democracia consolidada es la alternancia. Yo no, porque hay ejemplos de lo contrario.

-Pero hay una definición que dice que las democracias son sistemas que siguen funcionando cuando los partidos pierden elecciones. ¿No es necesario que la Alianza llegue al poder para que se considere consolidada la democracia en Chile?

-Para nada. En Suecia, el partido socialdemócrata tiene la hegemonía desde los años 30 y nadie puede decir que en Suecia no hay democracia. En Austria hubo una coalición muy prolongada de conservadores e izquierda por muchos años, y nadie diría que Austria -post-guerra, obviamente- no era una democrracia. Puede que sea preferible que haya un cambio, pero eso depende de la coyuntura en cada país. Si la gente no quiere cambiar la correlación de fuerzas, ¿cómo se puede decir que eso no es democrático?. Si la Concertación es elegida por la mayoría de los chilenos, esa es una decisión democrática y quiénes somos nosotros para decir que no lo es.

-El 2004 usted escribió en la Revista de Ciencia Política de la UC que los partidos deben cambiar para sobrevivir. ¿Qué cambios cabría esperar hoy en los partidos chilenos?

-En parte debido al sistema electoral, el poder en los partidos está muy centralizado. Siempre se da este problema, pero es muy marcado en el sistema de partidos en Chile, donde una pequeña élite hace negociaciones para seleccionar la lista de los candidatos. Por ejemplo la representación femenina en el Congreso y en los partidos es muy baja. Hay áreas en que se podría fortalecer la democracia interna de los partidos, ampliarlos más a la diversidad de la sociedad. Hay pocos líderes de sindicatos en el parlamento, hay poca gente que represente el mundo de las minorías. Estamos viendo una marcada profesionalización de la clase política, y eso tiene el peligro de que esta clase esté alejada de la sociedad. Un ejemplo obvio es el caso de Venezuela, donde dos partidos fuertes, Acción Democrática y COPEI, llegaron a controlar el estado y la sociedad civil, pero crearon casi una dictadura de las élites partidarias. No estoy diciendo que ese sea el caso en Chile, pero sí es necesario disminuir el elitismo, y eso es muy difícil sin una reforma electoral. El sistema binominal obliga a actuar de esa forma, y tiene el efecto de generar una lucha interna de facciones dentro de los partidos.

-¿Cree que la falta de democracia interna explica la baja electoral de la DC?

-Todos los partidos han bajado un poco. Es muy normal en un sistema de partidos que algunos suban y otros bajen, y no se puede decir ni por un momento que esa sea una tendencia irreversible en el PDC. En Inglaterra, por ejemplo, en 1983 nadie pensaba que el Partido Laborista iba a ser elegido de nuevo y ahora es casi dominante. Lo que hizo Tony Blair fue muy interesante: casi una completa revolución en la dirigencia y la política del partido. El PDC necesita un proceso de rejuvenecimiento, con nuevas personas y nuevas ideas. Pero llegar al 20% no es una cosa tan fatal... sigue siendo el partido único más grande dentro de la Concertación.

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