El Diario Financiero - Desde la academia
Fecha : 1/13/2006
Claudia Heiss, Ciencia Política, New School for Social Research


Paquistán necesita democracia

El ex diplomático y académico paquistaní Husain Haqqani formula una devastadora crítica a la política de Estados Unidos en su país en su nuevo libro “Pakistan: Between Mosque and Military” (Carnegie Endowment for International Peace, 2005). Haqqani explica las contradicciones y dilemas que implican las negociaciones norteamericanas con el gobierno del general Parvez Musharraf, aliado clave en su guerra contra el terrorismo.

Nada más alejado del compromiso de la Casa Blanca de promover la democracia en el Medio Oriente que el gobierno militar de Musharraf, dice el autor. Y señala que la administración Bush hace malabares para evitar el comprometedor tema del déficit democrático que, en nombre de la estabilidad política, mantiene el gobierno paquistaní.

Haqqani sostiene que el general Musharraf y sus antecesores han afianzado una alianza entre el poder militar y la autoridad islámica que ha llegado a definir la identidad nacional del país. Al tiempo de combatir el radicalismo musulmán, los gobernantes han forjado alianzas con partidos religiosos con el fin de mantenerse en el poder. Por otro lado, han destruido a los grupos opositores democráticos, como los liderados por Benazir Bhutto and Nawaz Sharif. El resultado, en el mediano plazo, es el fortalecimiento de los grupos islámicos.

Aunque Musharraf ha contribuido a capturar a algunos miembros de Al Qaeda, en especial a Khalid Shaikh Mohammed, el poder y la influencia de los gurpos islámicos radicales va, según el autor, en aumento en Paquistán. Haqqani profundiza, en este libro, en el nexo que históricamente ha existido entre los ideólogos de movimientos religiosos y los líderes de la inteligencia militar, desde la propia fundación del país. Ese nexo permite entender los esfuerzos militares por desarrollar una insurgencia islámica en Cachemira y el papel que han jugado los talibanes desde la década del 90.

Sólo una democracia verdadera puede poner fin a los principios islámico-militaristas que Haqqani identifica como la esencia de la unidad nacional paquistaní, y que llevan a la persistente vigencia del extremismo religioso. Cambios en el sistema político, orientados al desarrollo económico y la participación política, son los únicos que pueden alejar al país de la intolerancia y el fanatismo religioso.

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