El Diario Financiero - Desde
la academia
Fecha : 23/12/2005
Claudia Heiss, Ciencia Política, New School for Social Research
¿Por qué sobrevive la democracia en A. Latina?
Con la caída del muro de Berlín todavía fresca en la retina, el cientista político Samuel Huntington escribió que el mundo vivía una "tercera ola" de democratizaciones, iniciada a fines de los 70s y que alcanzó su punto máximo a comienzos de los 90s. Quince años más tarde, los académicos de la Univeraidad de Notre Dame Frances Hagopian y Scott P. Mainwaring acaban de editar un volumen colectivo que evalúa las democracias de la región tras esta ola. "The Third Wave of Democratization in Latin America: Advances and Setbacks" (Cambridge University Press, 2005) busca medir los logros y desafíos de estos regímenes, y explicar su supervivencia a pesar de los fracasos de sus gobiernos.
Para eso, elaboran un índice de satisfacción ciudadana basado en el rendimiento de los gobiernos y el apego de la ciudadanía al sistema democrático. El objetivo es encontrar un argumento general que explique por qué hoy, a diferencia de lo que ocurría hace sólo algunos años, la democracia parece ser el único "juego" posible en América Latina. De nueve detallados estudios de casos, los autores concluyen que un contexto internacional de consenso democrático es esencial para la durabilidad de estos regímenes en América Latina. El temor a sanciones políticas y económicas es clave para sostener la democracia, aún cuando los gobiernos no sean exitosos.
Junto con ese elemento exógeno, el libro apunta a ciertos arreglos institucionales internos que fortalecen la democracia. El segundo punto es menos claro que el primero, en especial si se considera la carencia de institucionalización que, como ha señalado Guillermo O´Donnell, evidencia la mayor parte las democracias de la región.
El libro, fruto de un proyecto iniciado hace casi cinco años por el Instituto Kellog de Estudios Internacionales, reúne reflexiones de algunos de los más destacados especialistas de la política comparada actual. Y aunque su relevancia en la disciplina parece asegurada, deja varios cabos sin atar. Ni la explicación internacional ni la institucional parecen suficientes para entender por qué hoy la democracia, que hace sólo unos años se presentaba como una seria amenaza para ciertos actores políticos, ha llegado a generar tan amplio respaldo. La pregunta es entonces qué ha cambiado para que incluso sus enemigos de ayer perciban que no tienen nada que perder, y sí mucho que ganar, de este régimen político.