El Diario Financiero - Desde
la academia
Fecha : 09/12/2005
Claudia Heiss, Ciencia Política, New School for Social Research
Democracia delegativa
¿Hay democracia en Venezuela, Perú o Ecuador? De acuerdo con la noción de "poliarquía" definida hace medio siglo por Robert Dahl -que incluye elecciones libres, sufragio universal y libertad de expresión, entre otros requisitos- la respuesta es sí. Pero según el académico argentino Guillermo O'Donnell, estos gobiernos pertenecen a un tipo nuevo, diferente de la democracia representativa de los países desarrollados: son democracias "delegativas".
El profesor de la Universidad de Norte Dame desarrolla el concepto en "Contrapuntos: Ensayos escogidos sobre autoritarismo y democratización" (Paidós, 1999), un libro que recoge artículos sobre autoritarismo burocrático, transiciones y consolidación democrática. Tras estudiar la relación entre modernización y autoritarismo en los 70s, sus trabajos de los 80s se centraron en las transiciones democráticas. A fines de los 90s, el eje de su investigación fue la consolidación de estas nuevas democracias, en su mayoría incapaces de superar desventajas históricas y enormes problemas de pobreza y desigualdad.
O'Donnell sugiere que, tras una primera transición a gobiernos democráticos, los países de América Latina -con excepciones como Chile y Uruguay- hann fracasado en realizar una segunda transición hacia regímenes democráticos institucionalizados. Lo que predomina, en cambio, son caudillismos en que el presidente responde a una inestable masa de electores -responsabilidad o "accountability" vertical-, pero no a instituciones como el Congreso y los tribunales -responsabilidad horizontal-. La democraciia delegativa, marcada por el gobierno por decreto, debilita a los partidos, que son reemplazados por "movimientos", y genera autoridades inestables y corto-placistas.
Así como el poder ejecutivo se ve libre de restricciones para actuar como le dé la gana, también recae en él toda la responsabilidad por el fracaso de sus promesas. Líderes se hacen y deshacen en función de bruscos cambios de popularidad. La falta de institucionalización y de responsabilidad horizontal deriva en un círculo vicioso marcado por la desconfianza en los políticos, incapacidad de coordinar medidas con el poder legislativo y gobiernos personalistas. El texto no ofrece una solución al problema, pero invita a poner atención a esta nueva categoría que amenaza la consolidación democrática. Un consejo que vale la pena considerar a la luz de los hechos políticos recientes y las elecciones que se avecinan en la región.