El Diario Financiero - Desde la academia
Fecha : 25/11/2005
Claudia Heiss, Ciencia Política, New School for Social Research


COMERCIO ILEGAL

El comercio ilegal es, ante todo, comercio. Se rije por las mismas leyes del mercado y se beneficia de las mismas medidas de liberalización que favorecen el intercambio legítimo de bienes y servicios. Sobre esa premisa, el editor de la revista Foreign Policy, ex director ejecutivo del Banco Mundial y ex ministro de Industria de Venezuela, Moisés Naím, construye su visión de este lado oscuro de la globalización.

En su reciente libro "Illicit: How Smugglers, Traffickers and Copycats are Hijacking the Global Economy" (Doubleday, 2005) Naím advierte sobre los peligros de esta floreciente actividad, que incluye lavado de dinero, narcotráfico, contrabando de órganos y de armas, tráfico de esclavos, inmigración ilegal y venta de productos piratas, entre otros.

El tráfico global de estupefacientes se duplicó entre 1992 y 2002. El lavado de dinero ha aumentado diez veces desde 1990, y menos del 5% de quienes lo practican terminan en la cárcel. La industria de artículos pirata, desde DVDs a carteras Louis Vuitton, se avalúa hoy en alrededor de 500 mil millones de dólares al año. El comercio ilegal de armas y el tráfico ilícito de personas mueven unos 10 mil millones cada uno.

El crecimiento explosivo de estas actividades criminales, que se benefician del levantamiento de las barreras comerciales y los avances tecnológicos, es parte de la globalización. No sólo está íntimamente vinculado a la industria legítima, sino también al poder político, distorsionando mercados, corrompiendo gobiernos y desvirtuando los efectos positivos de la internacionalización de la economía.

Naím describe cómo el comercio ilegal aborda las mismas estrategias que las grandes empresas. Las transacionales del crimen saben que deben diversificar su oferta; buscan, como sus pares legítimas, influencia política para enfrenatr mercados altamente regulados (en este caso, no sólo regulados, sino proscritos), e intentan legitimarse ante la opinión pública por medio de obras filantrópicas y actividades en beneficio de la comunidad.

La condena moral no es, para Naím, la forma de enfrentar el problema. Primero, porque muchos de quienes se ven involucrados en el comercio ilegal son víctimas de la pobreza en busca de mejores oportunidades de vida para ellos y sus familias, como ocurre con los inmigrantes ilegales. Lo que es más importante, la experiencia ha mostrado que mientras haya demanda, habrá personas dispuestas a satisfacerla. Por eso, propone concentrar esfuerzos en controlar la demanda, no la oferta. Más que eliminar esta actividad, el autor sugiere formas de minimizar sus efectos negativos, para "administrar" de mejor manera el lado B de la globalización.

Hosted by www.Geocities.ws

1