El Diario Financiero - Desde la academia
Fecha : 28/10/2005
Claudia Heiss, Ciencia Política, New School for Social Research


¿Justicia o circo?

¿Es posible preservar el estado de derecho en tiempos de crisis? La pregunta ronda el reciente libro del abogado estadounidense Pierce O'Donnell, "In Time of War: Hitler's Terrorist Attack on America" (New Press, 2005). Declarado uno de los 100 abogados más influyentes de EEUU por el National Law Journal, el autor mezcla intrigas de espías, drama judicial y una reflexión sobre el imperio de la ley en situaciones de emergencia.

El texto recrea la historia verídica de ocho saboteadores Nazis que en plena Segunda Guerra Mundial desembarcaron de dos submarinos en las costas de Florida y Long Island. Su misión: volar edificios, vías férreas, fábricas estratégicas y, en lo posible, la emblemática tienda Macy's de Nueva York.

Los alemanes no alcanzaron a hacer ningún atentado. El libro relata de manera casi cómica las fiestas y líos de faldas en que participaron, antes de ser traicionados por su propio líder y entregados al FBI. George Dasch y Ernest Burger develaron el plan con la esperanza de ser reconocidos como héroes. A sólo 25 días de su arribo a EEUU, los dos iban camino a la cárcel, y sus seis compañeros a la silla eléctrica. El caso pasó a la historia como "ex parte Quirin", por Richard Quirin, uno de los ocho agentes entrenados por los nazis.

Mientras 120 mil estadounidenses de ascendencia japonesa eran internados en campos de concentración, Roosevelt quiso enviar un mensaje ejemplificador. No hubo acusación formal, jurado, evidencia, ni derecho a apelación. Los encargados de llevar a cabo el juicio fueron designados por la parte acusadora. Y mientras los arrestos acaparaban titulares de prensa, los procedimientos legales permanecían en secreto.

Roosevelt dejó en claro desde el comienzo que esperaba sentencias de muerte, y presionó a la Corte Suprema amenazando con ignorar su decisión. Años más tarde, los propios jueces reconocieron que el caso afectó la dignidad del máximo tribunal. Para O'Donnell, se trató de un triste ejemplo de histeria nacional en contra de la justicia.

Ante una población atemorizada, el presidente Roosevelt declaró a los espías nazis "combatientes enemigos" y los hizo enjuiciar por una comisión militar especial. George W. Bush, citando el caso como precedente, ha declarado tener autoridad para ignorar la legislación nacional y tratados como la convención de Ginebra en el tratamiento de 600 presos en Guantánamo y en los casos de Yaser Esam Hamdi y José Padilla.

O'Donnell muestra los peligros de un poder ejecutivo que actúa sin restricciones. El héroe del relato es el abogado defensor de los saboteadores nazis, el Coronel Kenneth Royall, que defendió el estado de derecho en contra de la opinión pública y del propio Presidente. La Constitución no es sólo para la paz y para los buenos tiempos, dijo Royall. "La verdadera prueba de su poder y autoridad -la verdadera prueba de su fuerza para proteger a la minoría- surge cuando tiene que ser aplicada en tiempos de estrés". Esos son los tiempos que corren.

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