El Diario Financiero - Desde
la academia
Fecha : 07/10/2005
Claudia Heiss, Ciencia Política, New School University
Abusando del "mal"
En enero del 2002, durante su discurso anual ante el Congreso, el Presidente Bush inauguró una nueva formulación de sus asesores comunicacionales: la idea del "eje del mal". Para muchos el concepto sonó como una reduccionista forma de dividir el mundo en dos: nosotros los buenos contra ellos los malos. Pero esta maniquea forma de entender el mal no es la única que existe.
Así lo muestra el profesor de filosofía de la New School for Social Research, Richard Bernstein, en su reciente lanzamiento "The Abuse of Evil: The Corruption of Politics and Religion since 9/11" (Polity Press, 2005) El texto continúa la línea de investigación que desarrollara el filósofo estadounidense en su libro del 2002 "Radical Evil: A philosophical Interrogation". En ese texto-escrito antes de que Bush pusiera el concepto en el centro del debate político- Bernstein discutía el concepto del mal en el pensamiento de Emnanuel Kant, Hannah Arendt y Sigmund Freud, entre otros.
En esta nueva publicación, el autor critica el uso y abuso del concepto por parte de los defensores de la "guerra contra el terrorismo", que han encontrado en la idea del mal una herramienta política para evitar cuestionamientos. Al instalar un discurso simplista en torno a la amenaza terrorista, afirma Bernstein, se descarta la posibilidad de un debate serio sobre el significado profundo y el papel que juega el mal en nuestros días.
En vez de hablar, siguiendo la popular formulación de Samuel Huntington, de un "choque de civilizaciones", Bernstein sugiere que el panorama político contemporáneo está dominado por una lucha entre mentalidades. Una de ellas es la que percibe el mundo como una dicotomía entre el bien y el mal, lo correcto y lo incorrecto. Y es esa perspectiva la que pone en peligro el pluralismo político y religioso, al tiempo que elimina toda posibilidad de una discusión crítica sobre la naturaleza del mal hoy en día.
A la mirada que divide el mundo en buenos y malos, Bernstein opone los matices y sutilezas que resultan de medio siglo de reflexión y estudio del tema del mal y su relación con la falibilidad humana y la responsabilidad moral de las personas por sus acciones. De esta manera, Bernstein pretende responder al moralismo irreflexivo con una mirada analítica al concepto del mal, mostrando de paso la relevancia política que puede tener la reflexión filosófica.