El Diario Financiero - Desde la academia
Fecha : 23/9/2005
Claudia Heiss, Ciencia Política, New School University


¿Historia para todos?

Una encuesta realizada alrededor de fiestas patrias mostró que la mayoría de los chilenos no tenemos idea qué ocurrió el 18 de septiembre de 1810. Nuestro ímpetu patriótico parece volcarse al fútbol más que a los próceres y sus gestas heroicas. En EE.UU., en cambio, los best-sellers de divulgación histórica parecen cumplir al menos en parte esa función, lo que ha generado un fenómeno de "historiadores estrellas de rock" capaces de vender relatos sobre el pasado como si se tratara de Harry Potter.

Eso podría explicar las 16 semanas que lleva David McCullough -autor de una conocida biografía de John Adams y ganador de dos premios Pulitzer-entre los libros más vendidos con su reciente "1776" (Simon & Schuster, 2005). El texto narra paso a paso los hechos que, a lo largo de ese año, condujeron a la segunda guerra más sangrienta que haya vivido el país: la guerra de independencia.

El autor describe los esfuerzos del rey británico George III y su comandante Lord Howe por conservar la colonia; la inesperada derrota del ejército imperial tras el sitio de Boston; el traslado de la guerra a Nueva York, donde el desastre de Brooklyn forzó a los patriotas a huir por New Jersey, y finalmente su modesto pero simbólico triunfo en Trenton. Un inexperto George Washington logra guiar a sus hombres desafiando enfermedades, escasez de alimentos y falta de municiones.

"1776" ha generado tanto interés de público como controversia entre los historiadores. Mientras unos sostienen que acerca la historia a la gente, otros opinan que sólo banaliza el pasado. Pero ¿se puede superar la división entre escritos académicos y libros populares? Aunque textos demasiado específicos y llenos de jerga no pueden aspirar al gran público, eso no impide que haya buenos libros de historia atractivos para un público no especializado. De hecho, tales libros existen.

El problema con "1776" no es la falta de citas sino, como ha señalado el profesor David Greenberg, su desdén por el debate historiográfico. El resultado es una narración ingenua, que no apunta a los problemas políticos y culturales que plantea la historia, ni cuestiona el tratamiento que ha recibido la guerra de independencia por parte de otros autores. En lugar de aportar al debate intelectual de una forma accesible, libros como éste parecen ofrecer un complaciente substituto de nuestro patriotismo futbolero.

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