El Diario Financiero - Desde la academia
Fecha : 16/9/2005
Claudia Heiss, Ciencia Política, New School University


John Rawls y el huracán

El huracán Katrina expuso ante el mundo la desigualdad que existe en EEUU. Los saqueos posteriores dejaron en evidencia una profunda falta de solidaridad y cohesión social. ¿Cómo explicar estos robos, completamente ausentes en tragedias como la tormenta que arrasó Bangladesh en 1991 o el terremoto de Kobe en 1995?

Tal vez la clave esté en el sentimiento de injusticia y marginación que viven millones de ciudadanos de la potencia más rica y poderosa del planeta. El 2004, la lista de norteamericanos bajo la línea de pobreza aumentó en 1.100.000 personas respecto del año anterior. La mortalidad infantil en Washington DC es el doble que en Beijing, y afecta principalmente a niñas y niños afroamericanos.

En 1971, John Rawls escribió que hay dos principios básicos de la justicia como equidad: la igualdad de derechos y libertades, y la justificación de desigualdades sociales sólo cuando ellas benefician a los menos aventajados. El gobierno de Bush ha actuado en contra del segundo principio con políticas que ayudan a que los ricos sean más ricos, en perjuicio de los pobres.

En "Las teorías de la justicia después de Rawls" (Paidós, 1999) el profesor argentino Roberto Gargarella expone los principales contenidos de la idea de justicia desarrollada por Rawls en su "Teoría de la justicia"; las críticas de autores liberales que lo consideran insuficientemente liberal (R. Nozick) o insuficientemente igualitario (A. Sen, R. Dworkin, G. Cohen); las objeciones de otras tradiciones filosóficas como el marxismo analítico, el comunitarismo y el republicanismo, y finalmente las correcciones que el filósofo de Harvard incorporó a su teoría en 1993, cuando publicó "Liberalismo político".

En una mirada amistosa a la más influyente propuesta normativa de las últimas décadas, Gargarella explica en términos accesibles y en breves 200 páginas el debate filosófico contemporáneo que ha surgido en torno a la propuesta de Rawls.

Ante la pregunta ¿qué es lo justo? podemos confiar en nuestra intuición caso a caso (intuicionismo) o determinar que aquello que satisface al mayor número de personas es moralmente superior (utilitarismo). En contra de estas opciones, Rawls sugiere que sus principios de justicia son los que cualquier ser racional, sin conocer su posición social, racial o ideológica, estaría dispuesto a aceptar como justos. Esos principios, dice Rawls, deben deteminar la construcción de una estructura social cuyas instituciones promuevan la equidad.

Más allá de la críticas que señalan que este modelo no sólo involucra procedimientos justos, como alega, sino una noción particular del bien, New Orleans parece dar la razón a Rawls al menos en un aspecto: la establidad de un sistema democrático liberal requiere una cohesión social que sólo se consigue con niveles mínimos de equidad. La justicia no sólo es asunto de los filósofos. Bush y sus partidarios deberían abrir los ojos a las lecciones de Katrina.

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