El Diario Financiero - Desde la academia
Fecha : 9/9/2005
Claudia Heiss, Ciencia Política, New School University


Multilateralismo a la chilena

No es frecuente que un país pequeño y alejado como Chile tenga algo que decir en las grandes decisiones de la política mundial. Hasta cierto punto por la inserción internacional que viene impulsando la cancillería y en gran medida por cosas del azar, Chile tuvo un papel importante al interior del Consejo de Seguridad de la ONU en los hechos que llevaron a la guerra en Irak. El embajador de Chile en la ONU y ex Presidente del Consejo de Seguridad, Heraldo Muñoz, ofrece una mirada a ese proceso en su reciente libro “Una Guerra Solitaria” (Random House Mondadori, 2005).

El texto recorre la cadena de hechos que condujeron a la guerra en Irak, en una interesante recapitulación de la seguidilla de resoluciones de la ONU, informes de inteligencia, argumentos y declaraciones de presidentes, cancilleres y embajadores que rodearon uno de los hecho políticos más relevantes de la política internacional. En último término, el embajador formula una defensa del multilateralismo en contra de la actitud de Estados Unidos de atacar con o sin el apoyo de la comunidad internacional.

Heraldo Muñoz ofrece detalles de primera mano, recogidos de sus conversaciones con su ex compañera de universidad Condoleeza Rice y con altos funcionarios de gobierno y de organismos internacionales, tanto respecto de la participación de Chile como de los debates al interior de Estados Unidos y entre la superpotencia y el resto de la comunidad política mundial. También pasa revista a numerosos artículos de prensa, comentarios y editoriales de los medios de comunicación más influyentes a nivel mundial, así como a debates académicos que han marcado la discusión en torno al unilateralismo estadounidense.

Breve y de lectura fluida, el libro combina el relato de varias anécdotas con análisis más generales sobre el papel de la diplomacia y los conflictos ideológicos que surgen entre distintas concepciones de la política exterior. Muñoz concluye que, tras la inicial escalada unilateralista de los neoconservadores de la administración Bush, el fracaso de la estrategia ha dado paso a una mirada más realista y proclive a buscar alianzas.

No queda claro, a este respecto, el papel de Condoleeza Rice al interior de la administración Bush. Aunque su llegada al Departamento de Estado coincide con un vuelco a la búsqueda de acuerdos, no parece claro que, como parece sugerir el libro, ello se deba a su mayor realismo respecto del anterior ministro Colin Powell, quien se manifestó siempre contrario al unilateralismo de Bush. Los méritos de “Condi” en el cambio de la política estadounidense merecen, a esta lectora al menos, ciertas dudas.

Lo que parece indiscutible es que, más allá del poderío bélico de Estados Unidos, la fuerza no basta para triunfar en un mundo global. Sólo el concierto internacional ofrece la legitimidad que una superpotencia actuando sola, como ha demostrado la acción del gobierno de Bush en Irak, no puede conseguir.

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