El Diario Financiero - Desde
la academia
Fecha : 26/8/2005
Claudia Heiss, Ciencia Política, New School University
La justicia como diversidad
Hace 15 años, la cientista política de la Universidad de Chicago Iris Marion Young declaró que la justicia no es sólo asunto de una adecuada distribución de beneficios y cargas sociales. A partir de la teoría política feminista, su influyente libro "Justice and the Politics of Difference" (Princeton University Press, 1990) plantea que lo verdaderamente esencial a la justicia es el reconocimiento de diferencias y particularidades, y no la igualdad de oportunidades en el acceso a bienes básicos. El planteamiento es radical: es, con todas sus letras, un rechazo al asentado valor de la igualdad, en pro de la diferencia.
El texto propone considerar la justicia no desde un esquema distributivo, sino a partir de los conceptos de opresión y dominación. Sus implicancias han dado pie a una vasta literatura que intenta rescatar el reconocimiento de particularidades y, en algunos casos, reconciliar principios distributivos con el reconocimiento de identidades diversas.
Tanto los principios políticos liberales como los republicanos, dice Young, promueven una igualdad entre ciudadanos que, se supone, pone entre paréntesis aspectos como religión, género o clase social. Pero esa supuesta igualdad cívica es una forma de dominación, donde algunos principios raciales, lingüísticos o sexuales son la norma y excluyen a grupos que no coinciden con ellos.
Para combatir el problema, la autora sugiere abandonar la idea de que sólo los individuos tienen derechos, y promover derechos grupales para personas que comparten una experiencia común de marginación. Si una sociedad quiere ser justa, sostiene, debe reconocer a los grupos que la conforman y tomar esa diferencia como un rasgo positivo, en lugar de estigmatizarla como deficiencia o amenaza. La diferencia no debe generar dominación, sino llevar a la satisfacción de necesidades grupales específicas y a la participación de los distintos grupos en la toma de decisiones.
La propuesta tiene objeciones difíciles de superar. Las identidades grupales son fluidas y cambiantes. Y al aceptar derechos grupales, sin querer se pueden generar esquemas opresivos al interior del grupo. Con todas sus debilidades, el libro abrió un debate que sólo ha crecido en intensidad en el mundo de la post guerra fría, donde las diferencias culturales plantean cada vez más dilemas a las democracias liberales.