El Diario Financiero - Desde la academia
Fecha : 19/8/2005
Claudia Heiss, Ciencia Política, New School University


El dulce comercio

Para el pensamiento medieval, el amor al dinero era tan detestable como la lujuria. ¿Cómo pasó el lucro de vicio repugnante a actitud racional y virtud moderadora de las pasiones en sólo un par de siglos? Es lo que se pregunta el profesor del Instituto de Estudios Avanzados de Princeton, Albert O. Hirschman, en el fascinante y ya clásico libro “The Passions and the Interests: Political Arguments for Capitalism Before its Triumph” (Princeton University Press, 1977). El breve ensayo –menos de 150 páginas— fue premiado el 2003 por la Asociación Americana de Ciencia Política por su continua influencia y vigencia a través de los años.

A diferencia de las explicaciones marxistas o weberianas, el énfasis de este análisis está en la continuidad y la lenta transformación de las ideas hacia lugares insospechados, y no en el choque entre fuerzas opuestas. El autor reconstruye los argumentos filosóficos que fueron legitimando el espíritu comercial antes del surgimiento del capitalismo.

El ideal feudal, que hacía del honor y la gloria las únicas virtudes verdaderas, fue destruido en el renacimiento, y poco a poco reemplazado por la ética burguesa, justificación intelectual del capitalismo. Pero en lugar de un choque entre dos ideologías de clase: una aristocrática y otra burguesa, el autor intenta una explicación endógena a esta colosal transformación, originada en una lenta y compleja transformación del concepto del hombre y del estado.

El libro se centra en autores de los siglos XVII y XVIII. A partir de la distinción entre el estudio empírico y el normativo de la política y de la naturaleza humana, surge el afán por generar mejores gobiernos aprovechando las fortalezas y también las debilidades del ser humano.

En un mundo donde los dictados morales de los filósofos y el temor de Dios ya no bastan para proteger a la humanidad de sus propios vicios, la idea de pasiones que se chequean unas a otras cobra relevancia. Y el “interés”, en sentido amplio o en su acepción económica, se convierte en la más benéfica pasión moderadora. La idea de pesos y contrapesos institucionales de los Federalistas en EEUU debe mucho a esta concepción.

Tanto críticos como defensores de los fundamentos éticos del capitalismo encontrarán en este libro hipótesis estimulantes. La noción de que responde a un azaroso desarrollo de las ideas permite cuestionar tanto la racionalidad del interés como la supuesta mansedumbre del lucro, lo que Montesquieu llamó el “dulce comercio”. Preguntas esenciales para dilucidar la relación entre economía y política.

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