El Diario Financiero - Desde la academia
Fecha : 05/8/2005
Claudia Heiss, Ciencia Política, New School University


Un mundo desigual

No es fácil saber si la globalización mejora o empeora, en promedio, la vida de las personas, ni si aumenta o disminuye la desigualdad. Las cifras parecen dar para todo, según cómo se las use. El economista del Banco Mundial Branko Milanovic aporta un análisis novedoso a esta discusión en “Worlds Apart: Measuring International and Global Inequality” (Princeton University Press, 2005), el intento más ambicioso hasta hoy por medir la desigualdad entre los habitantes del planeta.

Hay muchas maneras de estudiar el tema. Por ejemplo, uno podría comparar el ingreso per capita promedio de los países entre sí y vería que la desigualdad ha venido en aumento desde los 70: los países ricos son más ricos, los pobres están igual o peor. Pero en este esquema, China y Luxemburgo tienen el mismo peso como unidades de análisis.

Una segunda forma es ponderar por número de habitantes. Como casi el 40% de la población mundial vive en India y China, el acelerado crecimiento económico de estos países inclina la balanza hacia una reducción de la desigualdad global. El optimismo, eso sí, se mantiene mientras uno no mire qué pasa internamente, porque el crecimiento ha creado un dramático incremento en la brecha de ingresos.

Es muy distinto vivir en Arabia Saudita –una de las economías más desiguales del mundo— que en Eslovenia –una de las más equitativas—, aunque sus productos per cápita sean similares. Por eso, Milanovic intenta una tercera opción: olvidarse de las fronteras y comparar el ingreso de la mayor cantidad de hogares posible, para medir la desigualdad entre personas y no entre países.

El libro usa estadísticas recogidas por el Banco Mundial en más de cien países. Aunque algunos críticos han señalado que las cifras no son confiables –que no son consistentes entre países o a través del tiempo— se trata de uno de los esfuerzos más serios y ambiciosos por analizar la desigualdad entre las personas a nivel global. Las conclusiones son más bien pesimistas: la desigualdad global parece aumentar, no reducirse, como predijera la economía clásica. Aunque no sabemos si la globalización tiene la culpa del aumento en la desigualdad, sí parece indiscutible que el creciente acceso a la información hace que esas diferencias se sientan más fuerte.

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