El Diario Financiero - Desde
la academia
Fecha : 08/7/2005
Claudia Heiss, Political Science Department, New School University
LIBERALES Y REPUBLICANOS
Un eje central del debate político contemporáneo es la oposición entre liberales y republicanos. Las teorías liberales, centradas en los derechos individuales y una noción de libertad como ausencia de interferencia, tienen la delantera. Esa posición hegemónica es la que ha llevado al desarrollo de enfoques que apuntan a sus insuficiencias, como el multiculturalismo o el comunitarismo. En las últimas décadas, el republicanismo se ha instalado como la más fuerte de esas miradas críticas.
Surgido del renacimiento italiano, el republicanismo fue un intento por recuperar elementos clásicos del buen gobierno como la virtud cívica y el régimen mixto. En Estados Unidos e Inglaterra, su influencia quedó desdibujada por el pensamiento liberal hasta que, a partir de los ‘70, un grupo de historiadores de las ideas políticas empezó a mostrar el fuerte componente republicano de sus padres fundadores y de los propios creadores de la doctrina liberal.
Mientras la tradición liberal evolucionó hacia teorías generales y abstractas sobre la libertad individual, el pensamiento republicano ha adquirido una connotación fuertemente histórica. Sus seguidores han intentado releer la historia política en clave republicana, y han señalado que las teorías sobre ciudadanía activa y gobierno limitado son más adecuadas al verdadero funcionamiento de la política que las idealizaciones liberales.
El libro de Philip Pettit “Republicanism: a Theory of Freedom and Government” (Oxford University Press, 1997) produjo un vuelco en esa forma de entender el debate entre liberales y republicanos. Usando las armas del enemigo, Pettit interpreta el pensamiento republicano como un concepto de libertad superior al de los propios liberales. El republicanismo, dice, es una teoría sobre la libertad y sobre el mejor gobierno para conservarla.
La libertad de los republicanos es “ausencia de dominación e interferencia arbitraria”. El concepto es más exigente que el del liberalismo clásico, que define libertad como ausencia de impedimento o interferencia. Implica mecanismos que aseguren que la ausencia de dominación se mantenga en el tiempo, lo que lleva a los arreglos institucionales del gobierno limitado. El hecho de que el déspota haya decidido no constreñirme hoy no me hace momentáneamente libre, como pensaría un liberal. Por otro lado, interferencias no arbitrarias de acuerdo con la ley aparecen aquí como plenamente compatibles con la libertad.
Aunque se le critique, tanto desde el lado liberal como del republicano tradicional, que este republicanismo no se diferencia mucho del liberalismo, no hay duda que se trata de una importante contribución. Pettit ofrece en este libro una nueva forma de entender la relación entre democracia y libertad.