El Diario Financiero - Desde
la academia
Fecha : 24/6/2005
Claudia Heiss, Political Science Department, New School University
Una seguidilla de noticias sobre abuso sexual de menores –la captura de Paul Schaefer, el juicio a Michael Jackson, el caso Lavanderos y el hallazgo de una red de pornografía infantil—han mantenido el tema en la agenda pública de las últimas semanas. El sentido común parece indicar que existe una responsabilidad colectiva de proteger a los niños.
El director del Instituto de Medio Ambiente, Filosofía y Política Pública de la Universidad de Lancaster, el filósofo David Archard, sostiene que la protección de la infancia es una tarea donde corresponde dejar de lado el individualismo de las sociedades liberales y aplicar un “colectivismo moderado” en pro de los derechos de los niños. Es la tesis que expone en su libro “Children, Rights and Childhood” (Routledge 2004), publicado originalmente en 1993 y actualizado en una reedición del año pasado. La perspectiva de este “filósofo práctico” coincide con los objetivos del instituto que dirige: un centro multidisciplinario que intenta acortar la brecha entre filosofía y ciencias sociales en áreas como medio ambiente, nuevas tecnologías, bioética y medicina.
El libro aborda los derechos de la infancia desde la perspectiva moral y legal, con un análisis crítico de autores desde Locke y Rousseau al pensamiento feminista y “liberacionista” contemporáneo. Pero si la discusión sobre qué son y qué deberes originan los derechos humanos de los adultos no está en absoluto zanjada, mucho menos lo está el debate sobre los derechos de los menores.
Aunque hay cierto consenso en no tratar a los niños como “adultos más pequeños”, lo que descarta que tengan derechos como el voto o la libertad para contraer matrimonio, resulta mucho más difícil determinar a qué edad corresponde que un adolescente tenga acceso a derechos de adulto. Por otro lado, ¿qué derechos tienen los padres frente a sus hijos? La respuesta es compleja, en especial porque la concepción sobre la crianza de los hijos o la definición de abuso y explotación de los niños varía enormemente de una cultura a otra.
Para David Archard, no es la paternidad biológica, sino la paternidad moral, la otorga derechos a los padres y garantiza el respeto a los derechos del niño. Sólo quienes tienen voluntad y capacidad de ofrecer a sus hijos estándares mínimos de crianza tienen derecho a la paternidad, una posición que plantea grandes desafíos en materia de equidad social. Por eso, afirma que es necesario promover reformas económicas que combatan las desigualdades de oportunidades que enfrentan los niños al nacer. En su llamado a la responsabilidad colectiva en la crianza de de los hijos, el autor propone una “difusión de la paternidad”, donde los derechos de los niños sean valorados y protegidos por la colectividad en su conjunto.