El Diario Financiero - Desde la academia
Fecha : 22/4/2005
Claudia Heiss, Political Science Department, New School University


Desde un lugar poco usual: la derecha conservadora, el historiador John Lukacs afirma que la democracia estadounidense se aproxima a un estado de barbarie, y formula una severa crítica a los intentos del Presidente Bush por exportar el modelo. En "Democracy and Populism: Fear and Hatred" (Yale University Press, 2005), el octogenario intelectual católico sostiene que el sistema político de EE.UU. ha degenerado en un irresponsable populismo.

Autor de más de 25 libros-entre ellos textos clásicos sobre Hitler y Churchill-el autor interpreta a parte de la derecha norteamericana cuando pregunta con exasperación qué es lo que tiene de conservador el Presidente George W. Bush.

Lukacs se autodefine como un reaccionario que cree en la historia y no en el progreso. Ferviente admirador de Tocqueville y Burke, es partidario del modelo europeo de conservadurismo elitista, tradicional y averso a las mayorías. En EE.UU., afirma, la derecha ha traicionado su origen al apelar a sentimientos nacionalistas con el fin de justificarse en la masa. Abandonando valores conservadores como la estabilidad, el orden y la tradición, los políticos de hoy prefieren apelar al odio nacionalista como cemento de la sociedad.

A pesar de su erudición y de la chispa intelectual con que critica a izquieras y derechas, el autor ofrece más una exposición de no siempre claras ideas políticas que un sólido texto de historia o de filosofía política. Generalizaciones categóricas acerca de los peligros de la soberanía popular o del estado de bienestar chocan de frente con la falta de precisión conceptual y de evidencia empírica.

El poder explicativo de la mezcla de nacionalismo y socialismo como las categorías esenciales para entender la política actual parece exagerado. El anticomunismo de la guerra fría, por ejemplo, se reduce en esta versión a una lucha del nacionalismo estadounidense contra el nacionalismo ruso. Sobre todo, resulta poco convincente la idea de que la derecha y la izquiera han convergido en una versión macabra y antiliberal donde todos somos más o menos nacionalsocialistas.

Con todo, estas críticas en ocasiones obtusas a valores fundamentales del sistema democrático aciertan a enunciar los peligros de un modelo plebiscitario de gobierno, en el que la opinión pública puede ser manipulada por unos pocos. El desafío es superar este escepticismo acerca del ideal democrático y aprender a combinarlo con adecudas protecciones de las minorías.

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