El Diario Financiero - Desde
la academia
Fecha : 15/4/2005
Claudia Heiss, Political Science Department, New School University
De aquí al 2025, la comunidad internacional podría eliminar la extrema pobreza del planeta. Basta un buen programa de reformas económicas y que los países más ricos cumplan sus promesas de ayuda financiera. La meta no sólo es factible, dice el economista Jeffrey Sachs en “The End of Poverty: Economic Possibilities for Our Time” (Penguin Press, 2005), sino que le conviene a todas las partes involucradas.
El entusiasmo en admirable, y si ayuda a los más pobres del planeta, bienvenido sea. Después de todo, Sachs ha dedicado su vida a los problemas del desarrollo, partiendo por Bolivia a mediados de los 80, para seguir con la conversión a la economía de mercado de Rusia, y culminar hoy con los más pobres de los pobres en el Africa sub-sahariana.
Director del Instituto de la Tierra de la U. de Columbia, es uno de los principales gestores del programa de metas del milenio de la ONU, y ha recorrido el mundo promoviendo la condonación de deudas, la inversión directa y la “terapia de shock” para la recuperación de los países menos desarrollados.
Aunque afirma que poner fin a la extrema pobreza en que viven mil millones de personas está a la vuelta de la esquina, cuesta acercarse a este proyecto sin escepticismo. Esto no tendría nada de malo si no fuera porque descarta otras vías de acción menos ambiciosas. Sachs no cree en el fortalecimiento paulatino de las instituciones, sino en los cambios radicales.
El escaso impacto que ha tenido la ayuda al Africa parece demostrar que no basta con asesores internacionales y flujos de cooperación. Problemas como la corrupción no se pueden solucionar desde afuera, sino que requieren un proceso que la comunidad internacional puede ayudar a promover, pero no imponer, de aquí al 2025.