El Diario Financiero - Desde la academia
Fecha : 8/4/2005
Claudia Heiss, Political Science Department, New School University


El gobierno del Presidente Bush ha tomado una abierta postura de rechazo a los organismos internacionales que podrían restringir su capacidad de maniobra. El nuevo embajador de EE.UU. ante la ONU dijo en una oportunidad que si volaran varios pisos del edificio de esa organización nadie se daría cuenta. Las declaraciones no fueron impedimento para que lo mandaran a Nueva York.

Pero ni abandonar el protocolo de Kyoto sobre cambio climático ni quitarle el piso a la Corte Penal Internacional son, para los profesores Eric Posner y Jack Goldmith, una muestra de matonería unilateralista de la superpotencia, sino más bien una prueba del poco peso que tiene la legislación internacional.

En su reciente libro “The Limits of International Law” (Oxford University Press, 2005), Posner y Goldsmith usan modelos de acción racional para mostrar que tras las llamadas normas universales no hay más que relaciones de poder y luchas políticas entre estados que buscan maximizar sus intereses. Ni siquiera los jueces del Tribunal Internacional de La Haya son imparciales, dicen, sino que votan de acuerdo a lo que les conviene a sus países de origen.

En la tradición del pensamiento realista, los autores rechazan la idea de que existe una moral universal detrás de las normas internacionales. En cambio, afirman que los países interactúan buscando su beneficio y generan, de paso, leyes internacionales. Esas leyes son inestables, porque un cambio de gobierno o un vuelco de la opinión pública nacional puede modificar drásticamente acuerdos anteriores. El sistema no tiene ninguna capacidad de hacer valer la palabra empeñada. Sin querer, Posner y Goldsmith imitan los análisis marxistas según los cuales sólo importan las relaciones de producción; el resto, incluidos el régimen político y la ley, no son más que un reflejo de esas relaciones.

Aunque el modelo de interacciones estratégicas que describe el libro explica una parte importante de las relaciones internacionales, también parece claro que este análisis excluye elementos claves en la definición de reglas del juego. Ni la poderosa superpotencia puede hoy prescindir del todo de la comunidad internacional. No si quiere reclamar ante la opinión pública que sus acciones son legítimas. Una cosa es decir que la política y la legislación internacional están interrelacionadas. Otra distinta es sugerir que sólo la primera es real y que la segunda es una mera ficción.

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