El Diario Financiero - Desde
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Fecha : 1/4/2005
Claudia Heiss, Political Science Department, New School University
Ningún sistema político compite hoy en legitimidad con las repúblicas donde la gente elige periódicamente a sus legisladores y mandatarios. Más que democracias en el sentido original del término, se trata de regímenes que intentan conciliar representación y autogobierno a través de una expresión indirecta y esporádica de la soberanía popular.
Desde los tiempos en que representación y democracia se consideraban antónimos, hasta la actual hegemonía de la idea de democracia representativa, gobiernos han caído y surgido, cabezas han rodado y se han llenado muchas páginas. Esa es la historia que Pierre Rosanvallon reconstruye en su libro “La Démocratie Inachevée” (Gallimard 2000), una historia de la soberanía popular en Francia que se suma a sus investigaciones anteriores sobre el sufragio universal (1992) y la representación (1998).
El libro describe los hechos políticos e ideas que han acompañado la expansión de la soberanía popular en Francia a través de la Revolución Francesa, el desarrollo de la república, el bonapartismo, las guerras mundiales y el desinterés por la política en la década de 1980.
En ese recuento, identifica dos tensiones centrales de la democracia liberal: primero, la contradicción entre soberanía popular y representación, donde los representantes inevitablemente forman una elite que restringe la expresión de la voluntad popular; y segundo, la tensión entre la noción liberal de soberanía popular como emancipación del individuo y la visión de la soberanía como expresión colectiva de una fuerza social.
Así, tanto en las décadas posteriores a la Revolución Francesa como en los 1960s, Rosanvallon resalta momentos de conflicto entre una visión de la soberanía popular como unidad –encarnada en la voz de la Razón, la Nación o la República— versus una noción que enfatiza la pluralidad de individuos, intereses y partidos políticos. Así como el antiliberal bonapartismo genera una teoría del plebiscito que terminó incorporándose al repertorio democrático, Rosanvallon argumenta que en la historia de la soberanía popular está la clave para entender los desafíos actuales de la democracia. Ahora que Francia se prepara a aprobar o rechazar la nueva Constitución Europea en el referéndum de mayo próximo, las implicancias de la representación política y el debate sobre la unidad o pluralidad de la soberanía popular parecen especialmente pertinentes.