El Diario Financiero - Desde
la academia
Fecha : 18/03/2005
Claudia Heiss, Political Science Department, New School University
Al escándalo que protagonizó hace poco el cientista político de Harvard Samuel Huntington, por una visión de la inmigración latina que bordea la xenofobia, se sumó el presidente mismo de esa universidad, Larry Summers, cuando dijo que tal vez haya causas genéticas para la baja participación de mujeres en las ciencia duras. Lo que parece demostrar que ni el sexismo ni el racismo son necesariamente producto de la ignorancia.
Ya antes de la polvareda que levantó su último escándalo, Summers se había hecho notar por un estilo arrogante y desdeñoso de lo “políticamente correcto”. En menos de cuatro años al mando de la universidad más poderosa de Estados Unidos, el presidente se ha ganado enemigos más allá de la academia, al rechazar la idea de la discriminación positiva y enfrentarse con profesores musulmanes y afroamericanos.
A esas críticas se suma ahora el periodista Richard Bradley, con su libro “Harvard Rules: The Struggle for the Soul of the World's Most Powerful University” (HarperCollins, 2005). Bradley ya había dado muestras de oportunismo editorial cuando, a la muerte de John F. Kennedy Jr., por entonces su jefe en la glamorosa revista política “George”, prohibió a todo su equipo hablar sobre el fallecido director y se apresuró a publicar una biografía que rápidamente batió récords de ventas.
En su nueva entrega, Bradley se acerca a preguntas importantes, pero las enfrenta con más conventilleo que crítica sólida. Las conexiones políticas y financieras de Summers, quien estuvo a cargo de la Secretaría del Tesoro de Estados Unidos bajo el Presidente Bill Clinton y fue Vicepresidente del Banco Mundial, ofrecen abundante material. Un ejemplo es su cuestionada decisión de incorporar a la Corporación Harvard a su antiguo mentor en el Departamento del Tesoro Robert Rubin. Por todo esto, Harvard se opuso, oficialmente, a la publicación del libro.
Pero los copiosos ataques personales contra Summers y los testimonios de los problemas que ha generado su carácter entre la comunidad académica ofrecen pocas luces sobre el tema de fondo: la relación entre academia y dinero. Cuando las universidades dependen cada vez más de las corporaciones y empresas que las financian, un estudio serio sobre este tema sin duda merece más discusión.