El Diario Financiero - Desde
la academia
Fecha : 25/02/2005
Claudia Heiss, Political Science Department, New School University
Las decisiones del Presidente Bush en relación con la guerra en Irak, la detención de presos en Guantánamo y recientes juicios en tribunales militares han puesto en el tapete las competencias del presidente de EE.UU. en tiempos de guerra. Por eso, el destacado constitucionalista Louis Fisher toca un tema candente en su recién lanzado libro «Military Tribunals and Presidential Power: American Revolution to the War on Terrorism» (University Press of Kansas, 2005).
Fisher observa una tendencia, durante los últimos 60 años, a desplazar la legislación militar hacia acciones independientes y unilaterales del poder ejecutivo. Los tribunales militares, afirma, no sólo afectan la relación Congreso-Presidente, sino también los equilibrios entre el ejecutivo y el poder judicial. El peligro, advierte, es que en tiempos de guerra, el presidente prescinda más y más del Congreso y el poder judicial, convirtiéndose en una amenaza para las libertades y derechos individuales.
Fisher busca en episodios de mediados del siglo XIX los precedentes para las facultades especiales del Presidente. Analiza conocidos casos de la guerra civil, cuando Abraham Lincoln concentró poderes inéditos. En 1942, durante la Segunda Guerra Mundial, ocho soldados nazis infiltrados ilegalmente en EE.UU. fueron sorprendidos y declarados “combatientes enemigos” por el presidente Roosevelt. Los soldados fueron procesados en un tribunal militar designado, aprobado y ratificado por el presidente. Posteriores estudios sobre ese caso –conocido como ex parte Quirin– han advertido de los peligros de que la justicia sea cooptada por el ejecutivo en tiempos de crisis.
Tras reconstruir la historia de los tribunales militares en EE.UU, Fisher llega a la situación post-11/9. Dos meses después de los ataques en Nueva York y Washington, el presidente Bush llamó a que tribunales militares procesaran a ciudadanos estadounidenses detenidos con el mismo estatus de “combatientes enemigos” que los ocho soldados nazis. En virtud de ese estatus, fueron mantenidos incomunicados y sin derecho a juicio durante meses. “Los tribunales militares –concluye el autor– representan una poco sabia y mal concebida concentración de poderes en el ejecutivo”. Según Fisher, es sobre todo en momentos de crisis cuando la separación de poderes debe ser fuerte, y preservar las libertades.