El Diario Financiero - Desde la academia
Fecha : 18/02/2005
Claudia Heiss, Political Science Department, New School University


Las luchas por la independencia de América tuvieron mucho en común. La ilustración, la crisis del estado absolutista, las nuevas ideas de soberanía popular y separación de poderes, y el modelo de la antigua República romana estaban en la mente de quienes diseñaron las primeras instituciones post-coloniales. Pero desde temprano, pensadores como Lucas Alamán, Bartolomé Mitre o Simón Bolívar se mostraron pesimistas: la historia de la América española parecía destinada a tomar un curso muy diferente a la de sus vecinos del norte.

En «The Constitution of Tyranny: Regimes of Exception in Spanish America» (University of Pittsburgh Press, 1993) el cientista político Brian Loveman analiza los problemas políticos de la región como resultado de la influencia española, en particular la Constitución de Cádiz de 1812 y los estados de excepción constitucional que suspenden garantías ante emergencias políticas.

Los estados de excepción, dice Loveman, han generado inestabilidad, regímenes populistas y dictaduras militares. Con una cuidadosa reconstrucción histórica, el autor argumenta que desde México al Estrecho de Magallanes, las primeras constituciones latinoamericanas fusionaron principios liberales y autoritarios creando las bases de la tiranía.

El texto es una importante contribución al poco estudiado problema de la norma y la excepción en América Latina. Sin embargo, algunas de sus conclusiones parecen discutibles. Al fusionar la idea de tiranía con el antiguo concepto romano de dictadura constitucional --un estado de excepción temporal, limitado y regulado institucionalmente--, el autor no se hace cargo del papel de la excepción en la tradición republicana.

Es cierto que los estados de excepción han sido abusados, pero ello podría obedecer a fallas en su diseño más que a su presencia en la constitución. Según Gabriel Negretto y José Antonio Aguilar, la inestabilidad política y social que existía en la América española de fines de la colonia hacía necesarias provisiones de excepción que no estaban disponibles en las primeras constituciones latinoamericanas. De existir las normas adecuadas, dicen, se habrían producido menos y no más abusos. Los problemas que Loveman pretende prevenir eliminando los estados de excepción se deben, según estos autores, a la falta de provisiones sólidas en las primeras constituciones liberales del continente, provisiones de las que un país como Estados Unidos podía, en ese entonces, darse el lujo de prescindir.

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