El Diario Financiero - Desde la academia
Fecha : 11/02/2005
Claudia Heiss, Political Science Department, New School University


El Presidente Bush ha propuesto liberar al mundo de la tiranía, atacando uno tras otro a todos los gobiernos no democráticos. La palabra “tiranía”, que suena más como un anacronismo que como una descripción de regímenes políticos contemporáneos, ha sido reemplazada en décadas recientes por “dictadura”. A esta categoría de regímenes (o, como los han llamado algunos filósofos, no-regímenes) pertenece también el “totalitarismo”. Sin embargo, este último concepto parece restringido a un momento particular en la historia del siglo XX. Totalitarios, según Hannah Arendt, fueron la Alemania nazi y el sistema soviético estalinista, regímenes cualitativamente distintos a otras formas de dictadura.

En medio de la Segunda Guerra Mundial, el jurista alemán Ernst Fraenkel, por entonces exiliado en Estados Unidos, publicó “The Dual State: a contribution to the theory of dictatorship” (Oxford University Press, 1941). Fraenkel, que ejerció como abogado en Berlín hasta 1938, describe en este libro lo que califica como una superposición de dos situaciones jurídicas en la Alemania nazi: el estado normativo y el estado prerrogativo. Esta dualidad permite que, al mismo tiempo que sigen vigentes ciertos elementos del estado de derecho, éste sea horadado por las prerrogativas políticas del Tercer Reich. La voluntad del líder y de sus agentes no está limitada por la ley ni por los tribunales.

La gran contribución de Fraenkel es su mirada a la relación entre legislación y política; entre el imperio de la ley en tiempos de normalidad y el predominio de la decisión política en tiempos de emergencia. Así, al mismo tiempo que Alemania vive una cierta continuidad legal, el autor plantea que el estado se encuentra en emergencia permanente desde 1933. El régimen nazi, dice Fraenkel, ha legalizado la ilegalidad.

El libro es una advertencia a los peligros que encierra normalizar la emergencia. En situaciones en que prima el estado de sitio, la ley marcial o la guerra permanente, siempre tendrá preeminencia la decisión política sobre el estado de derecho. Cuando el gobierno de EE.UU. declara la guerra al terrorismo y a todos los tiranos del mundo, las denuncias de torturas y abusos legales recuerdan que es sobre todo en momentos de excepción cuando las democracias enfrentan el gran desafío de conservar la línea que separa la norma de la prerrogativa.

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