El Diario Financiero - Desde la academia
Fecha : 17/12/2004
Claudia Heiss, Political Science Department, New School University


Parte del objetivo detrás de los complejos mecanismos constitucionales es hacer más lentos ciertos procedimientos que requieren debate, discusión pública y una reflexión reposada. Así se explican, al menos en parte, el bicameralismo y los procesos judiciales. En su nuevo libro «Liberal Democracy and the Social Acceleration of Time» (Johns Hopkins University Press, 2004), el profesor de la universidad de Minnessota William E. Scheuerman discute el papel que juegan los «ritmos» en las democracias constitucionales y concluye que la progresiva aceleración de la vida social plantea serios desafíos.

Especialista en pensamiento político moderno y teoría legal, el autor señala que la rapidez con que se desarrollan nuevas tecnologías, se generan transformaciones sociales y se acelera la vida cotidiana tiene efectos preocupantes para el desempeño de las instituciones políticas. La competencia en los mercados y entre países en el sistema internacional hacen de la rapidez el factor determinante del éxito económico y del poder del Estado.

La separación de poderes, en contraste, no sólo distribuye entre distintos grupos de personas las funciones legislativa, judicial y ejecutiva; también implica una división temporal. El trabajo de los parlamentarios es un constante esfuerzo por controlar el futuro. La actividad judicial es principalmente retroactiva, en tanto interpreta la ley después de ocurridos los hechos. Y el presente le pertenece al Ejecutivo, capaz de responder rápidamente a situaciones de crisis que requieren acción inmediata y muchas veces no previstas por la ley.

El libro advierte que la creciente aceleración de la vida plantea serios dilemas a esta distribución temporal de la toma de decisiones. El Ejecutivo tiende a concentrar mayores prerrogativas, a expensas del Congreso y los tribunales, porque las situaciones de crisis pasan a ser la norma en vez de la excepción. Por otro lado, la aceleración social amenaza el estado de derecho porque los parlamentarios son incapaces de legislar prospectivamente y se ven forzados a reducir la deliberación y dictar leyes abiertas a futuros cambios. En este provocador análisis, Scheuerman llama a una profunda revisión de los sistemas políticos nacionales y globales, y sugiere que una forma de fortalecer la democracia y el estado de derecho es potenciar las instituciones internacionales.

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