El Diario Financiero - Desde la academia
Fecha : 03/12/2004
Claudia Heiss, Political Science Department, New School University


¿Cómo se explica que después de ocho años de sostenido crecimiento económico en EE.UU. la era Clinton haya desembocado en un abrumador predominio del partido Republicano, no sólo en el Ejecutivo sino también en las dos cámaras del Congreso y en el poder judicial? El argumento más frecuente en los análisis post-electorales de las últimas semanas apuntan, principalmente, a lealtades religiosas.

Poco antes de las elecciones, dos periodistas de la revista británica The Economist publicaron un libro que rastrea el movimiento conservador estadounidense desde los 50. Los autores buscan explicar cómo el discurso conservador ganó el espacio que por años ocupó la retórica “liberal” o “progresista”. Hoy la palabra “liberal” se ha convertido en un insulto, un estigma con el que ni John Kerry se quiere identificar.

“The Right Nation: Conservative Power in America” (Penguin 2004) de John Micklethwait y Adrian Wooldrodge, es un dinámico relato de las condiciones que han llevado a la derecha de EE.UU. a ocupar este sitial. Los autores se plantean el tema con el asombro de extranjeros acostumbrados a otro tipo de conservadurismo. Mientras un conservador europeo se define por el apego a la tradición y una noción elitista de la sociedad, en EE.UU. el conservador no cree en las jerarquías; no se distingue tanto por su clase social como por su asistencia a la iglesia.

El movimiento conservador se articula en torno a temas como la oposición a los derechos homosexuales y la legalización del aborto, la defensa de la pena de muerte y el derecho a portar armas. Un fuerte activismo en sectores populares de lo que se conoce como “middle America” se contrapone con la actitud más pasiva de los sofisticados liberales de las grandes ciudades de las costas del país.

El libro, sin embargo, no da cuenta de la distancia que hay entre hechos y palabras. Es cierto que la retórica conservadora lleva la delantera. Pero también es verdad que Bush ha generado un enorme déficit fiscal, violando el principio más sagrado del partido republicano. Más importante, la diferencia entre el porcentaje demócrata y el republicano sigue siendo leve. Aunque el electorado se divide más o menos en partes iguales entre ambos partidos, el total de personas en edad de votar se divide también en partes iguales entre quienes toman posición y quienes simplemente optan por marginarse de la política. Si es importante entender el repunte conservador, más importante parece evaluar la calidad de un sistema político que no representa a la mitad de sus ciudadanos.

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