El Diario Financiero - Desde la academia
Fecha : 5/11/2004
Claudia Heiss, Political Science Department, New School University
El triunfo de George W. Bush en las elecciones del martes consolida la política exterior de los halcones de la Casa Blanca. Es cierto que la derecha cristiana que marcó la diferencia en esta elección no votó pensando en la guerra en Irak, sino en la moral y las buenas costumbres. Como sea, el efecto del aumento en el apoyo popular al Presidente fortalece los principios unilateralistas y de hegemonía militar del «gabinete de guerra» del primer período presidencial.
El equipo político responsable de conceptos como la “guerra preventiva” es el tema del libro “Rise of the Vulcans: The History of Bush’s War Cabinet” (Viking, 2004), de James Mann, una especie de biografía colectiva de los seis principales estrategas del Pentágono, el Departamento de Estado y el Consejo de Seguridad Nacional. Durante la primera campaña de Bush el 2000, este grupo se hizo conocido como “Los Vulcanos”, en honor al dios del fuego. Mann rastrea aquí sus orígenes ideológicos y experiencias de vida a lo largo de 30 años.
La participación del secretario de Estado Colin Powell y su subsecretario Richard Armitage en Viet-Nam, explicarían su reticencia a usar la fuerza, en contra de aquellos que no combatieron, como el secretario de Defensa Donald Rumsfeld y el vicepresidente Dick Cheney (quien, para escándalo público, dijo que no fue a Viet-Nam porque tenía “otras prioridades”).
Los otros actores claves de esta historia son el subsecretario de Defensa Paul Wolfowitz y la asesora de Seguridad Nacional, Condoleeza Rice. Bajo el sugerente título “The Believer”, Wolfowitz fue objeto de un extenso reportaje de la revista The New Yorker que lo describe como poseedor de una fe casi religiosa en el poderío militar de Estados Unidos y su destino histórico de líder mundial. Wolfowitz va más allá de las doctrinas “realistas” de las post guerra, desdeña los equilibrios de poder y defiende la activa intervención de Estados Unidos, a través de su fuerza militar, en los asuntos del resto planeta. La inexistencia de armas de destrucción masiva en manos de Saddam Hussein o el hecho de que el dictador de Bagdad no planteara una amenaza real a Estados Unidos no es lo relevante; lo que importa es transformar a la región, liberalizar uno por uno todos los países del Medio Oriente, partiendo por Irak.
El libro de James Mann rastrea los antecedentes biográficos y políticos del actual gabinete de guerra de Bush. Un aspecto sobresaliente es el enorme legado de la Guerra Fría en las actuales decisiones del gobierno.