El Diario Financiero - Desde la academia
Fecha : 8/10/2004
Claudia Heiss, Political Science Department, New School University
El filósofo Leo Strauss está, estos días, en la primera línea del debate político estadounidense. Y más a medida que se acercan las elecciones presidenciales de noviembre. Strauss, un judío alemán que llegó a Estados Unidos en 1938 huyendo de la guerra, enseñó primero ciencia política en la New School for Social Research de Nueva York y más tarde se convirtió en académico de la Universidad de Chicago, a la que perteneció hasta su muerte en 1973. Desde allí, y sobre la base de su interpretación de los clásicos del pensamiento político, Strauss desarrolló una crítica a la democracia liberal en la que formó a Allan Bloom, Harry Jaffa y otros teóricos norteamericanos. Se creó así una especie de “escuela straussiana”, que hoy incluye a autores como Francis Fukyama y a políticos como el subsecretario de defensa Paul Wolfowitz.
Una de las alumnas de los “straussianos” de Chicago fue la profesora de la U. de Pennsylvania Anne Norton, que acaba de publicar “Leo Strauss and the Politics of American Empire” (Yale University Press, 2004). El libro no sólo rastrea las influencias straussianas de los “neoconservadores” y las ideas que impulsaron la guerra en Irak. También discute de manera crítica la relación entre el pensamiento de Leo Strauss y la doctrina política de sus seguidores. Enfatiza las discrepancias entre el maestro y sus discípulos, en especial con respecto a la autonomía moral que los “neocons” atribuyen al Estado. Leo Strauss no era, según Anne Norton, un “straussiano”. Sin embargo, por mucho que el pensamiento original de Strauss se encuentre mediatizado, no hay duda que sus principios tienen una enorme influencia. El énfasis en las malinterpretaciones no debe oscurecer lo de “straussianos” que sí tienen los seguidores de Strauss, con su rechazo a la noción de derechos individuales y su admiración por las medidas de emergencia de Abraham Lincoln durante la guerra civil. Por otro lado, Norton describe un profundo quiebre entre los “neocons” y el pensamiento conservador del que supuestamente provienen: como seguidores de utopías, los “neocons” son anti conservadores. Pero no aclara cómo se produjo esa dramática inversión de valores, desde el continuismo conservador de los años 80 al pensamiento revolucionario de los actuales asesores de la Casa Blanca. Relativamente breve y accesible, el libro es un aporte tanto por la actualidad del tema como por las preguntas que deja pendientes.