El Diario Financiero - Desde la academia
Fecha : 24/9/2004
Claudia Heiss, Political Science Department, New School University
En estos días en que los informes de inteligencia se convierten en best sellers, dos nuevos recuentos sobre los escándalos de Abu Ghraib se suman a los reportes dados a conocer por la Cruz Roja y por el Ejército. Varios más están por concluir.
Las fotos de militares estadounidenses torturando presos en Irak choquearon al mundo entero, y han puesto en entredicho al liderazgo político y militar de la llamada “guerra contra el terrorismo”. Los nuevos informes fueron elaborados por el general George R. Fay, y por un equipo encabezado por el ex secretario de Defensa de Nixon y Ford, James Schlesinger. Si algo queda claro, es que las responsabilidades no se limitan a las siete personas inicialmente acusadas de cometer abusos aislados. Los informes hablan de casi 50 responsables directos, y de cientos de personas más que podrían tener responsabilidades políticas.
Schlesinger culpa a altos funcionarios del Pentágono y de las Fuerzas Armadas de crear las condiciones que permitieron estos “actos de brutalidad y sadismo”. Su informe, de 126 páginas, se puede encontrar completo en Internet, y acaba de aparecer en librerías.
A varios meses del escándalo, es
claro que no se trató de un hecho aislado. El origen de Abu Ghraib no está en
Irak, sino en violaciones a las normas sobre interrogatorio de presos en
Afganistán y en la base militar de Guantánamo. Los informes apuntan,
finalmente, a Washington en busca de responsables.
Las políticas y prácticas en discusión incluyen desvestir a los presos,
mantenerlos aislados por largo tiempo, obligarlos a permanecer en posiciones
dolorosamente incómodas, amenazarlos con perros y privarlos de sueño y de luz.
Flaco favor a la lucha contra el terrorismo. Las fotos de Abu Ghraib refuerzan la propaganda que muestra a EE.UU. como el gran opresor del mundo árabe. En Irak crece la insurgencia, las cárceles están abarrotadas y el número de víctimas de todas las partes va en aumento. En este escenario, el mayor error de cálculo de las fuerzas ocupantes es haber despilfarrado el apoyo inicial que le dio una parte importante de la población. Que la gente sepa quién autorizó los horrores de Abu Ghraib es el primer paso para recuperar la autoridad moral que alegan las autoridades estadounidenses.