El Diario Financiero - Desde la academia
Fecha : 10/9/2004
Claudia Heiss, Political Science Department, New School University
Los detractores de la administración Bush reclaman que los neoconservadores han puesto en marcha una política exterior sin precedente en la historia de Estados Unidos. En un libro lanzado a comienzos de esta semana, el historiador de 86 años Arthur Schlessinger, experto en la Presidencia de Estados Unidos y dos veces ganador del premio Pulitzer, intenta poner en perspectiva histórica esa afirmación.
En “War and the American Presidency” (W.W. Norton, 2004), sostiene que el unilateralismo -palabra que debe su existencia nada menos que al propio Schlessinger- ha sido una tendencia predominante en las presidencias estadounidenses, partiendo por Thomas Jefferson. Pero en última instancia, el autor concuerda en que los halcones de la administración Bush han llevado a cabo una revolución silenciosa de la política exterior.
No es el unilateralismo, sino la guerra preventiva, lo que realmente marca ese quiebre. Schlessinger ve en la Estrategia de Seguridad Nacional, el Acta Patriótica, Guantánamo y Abu Ghraib una muestra de la influencia del filósofo Leo Strauss y su visión confrontacional de la política en personeros claves del gobierno.
Hace 30 años, en “The Imperial Presidency”, Arthur Schelssinger había escrito que la guerra incrementa el poder del Presidente y que con el retorno de la paz, el Congreso tiende a restablecer el equilibrio constitucional entre ejecutivo y legislativo. Irak, la “guerra innecesaria” parece haber resucitado la presidencia imperial. Pero esta vez, no se trata de concentrar poderes de emergencia, sino de imponer una guerra preventiva que deja al país en estado de alerta permanente. El resultado es que, en lugar de aumentar temporalmente las atribuciones del Comandante en Jefe, los pesos y contrapesos del sistema político se inclinan a favor de la Presidencia de manera permanente.
A la demanda de unidad nacional que convocan los Republicanos en estos tiempos de guerra, Schlessinger responde que criticar al ejecutivo no tiene nada de antipatriota y que es, por el contrario, una gesto a la tradición política. Ejemplos históricos, desde Lincoln en adelante, parecen darle la razón. A medio camino entre un análisis de la coyuntura política y un informado relato histórico, este pequeño volumen parece confirmar esa frase que dice que toda la historia es contemporánea.