El Diario Financiero - Desde la academia
Fecha : 20/8/2004
Claudia Heiss, Political Science Department, New School University


Sorprendente. El libro más vendido por Amazon en el mundo es el informe de la comisión que investigó los atentados del 11-9. El texto oficial de un grupo de funcionarios vende más que Bill Clinton, el Código Da Vinci y la Dieta South Beach. La sociedad de la apatía política parece ansiosa por detalles sobre los atentados y sobre la amenaza terrorista, y este informe se los entrega en forma digerible. Pero si algo queda fuera es la pregunta por las causas del terrorismo.

Hay varios libros en las listas de best-sellers que discuten los atentados, la posible responsabilidad del gobierno y de las agencias de inteligencia, y las guerras en Afganistán e Irak, como “Against All Enemies” de Richard Clarke y “Plan of Attack” de Bob Woodward (comentados aquí el 30 de abril y el 26 de marzo). Ahora, se les suma “Imperial Hubris: Why the West Is Losing the War on Terror” (Brassey’s Inc., 2004).

La solapa de “Imperial Hubris” sólo identifica al autor como “un alto funcionario de una agencia de inteligencia”. Pero aunque nadie lo confirme oficialmente, y aunque en entrevistas por televisión aparezca sólo su sombra, la identidad de Anónimo es un secreto a voces: se trata del analista y ex jefe de la brigada Bin Laden de la CIA, Michael Scheuer. El propio Scheuer no ha tomado mayores precauciones por mantener el secreto, que fue requisito de la Agencia para autorizar la publicación.

La posición de Scheuer es polémica. Critica a los neoconservadores por decir que el terrorismo es consecuencia de un rechazo irracional a los valores y el estilo de vida estadounidense, en lugar de buscar la explicación en la política exterior y económica de EE.UU. y en sus acciones pasadas en el Medio Oriente. Entender que no nos atacan por lo que somos, dice, sino por lo que hacemos, es el punto de partida de cualquier medida anti terrorista.

Por otro lado, llama a una guerra total contra el enemigo. La solución, en su opinión, pasa por abandonar las sutilezas jurídicas y dejar que la CIA se haga cargo de Al Qaeda con operaciones encubiertas. Sus defensores dicen que la maquiavélica violencia de su pluma es sólo retórica para generar discusión. Como sea, la discusión es bienvenida, y el libro de este “insider” de la CIA es un aporte no sólo por las opiniones del autor, sino porque permite una mirada a la cultura institucional de la inteligencia estadounidense.

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