El Diario Financiero - Desde
la academia
Fecha : 6/8/2004
Claudia Heiss, Political Science Department, New School University
Desde los atentados a las torres gemelas, el presidente George W. Bush viene repitiendo que “la libertad prevalecerá”. En realidad, lo que Bush quiere decir es que la supremacía de Estados Unidos se impondrá. La agenda de política exterior de los republicanos tenía un tono aislacionista antes de los atentados terroristas del 2001, pero el 11 de septiembre dio a los halcones de la Casa Blanca una oportunidad única para poner en práctica su nueva doctrina, que incluye la Estrategia de Seguridad Nacional, la Guerra Preventiva y el Acta Patriótica.
Según el millonario George Soros - Fundador del Instituto para la Sociedad AAbierta y activo colaborador de la campaña presidencial de John F. Kerry- el gobierno de Estados Unidos está en manos de un grupo de “Darwinistas” sociales que creen que las relaciones internacionales no se definen por acuerdos o instituciones, sin sólo en función de luchas de poder. En su último libro, advierte sobre los peligros de una ideología que califica de cruda y reduccionista. “The Bubble of American Supremacy” (Public Affairs, 2003) plantea la provocadora idea de que las relaciones exteriores de Estados Unidos viven un fenómeno análogo a la burbuja de las punto com. En economía, el Darwinismo social de los neoconservadores se traduce en el fundamentalismo del libremercado. En relaciones internacionales, se está convirtiendo en la doctrina de la supremacía universal. Cegados por su ideología, los “neocons” estarían evaluando tan mal la realidad sobre el papel de EE.UU. en el mundo como los fundadores de empresas de Internet a fines de los 90. Pero la explosión de la burbuja será mucho más grave que los sueños destrozados de jóvenes empresarios y la bancarrota de empresas.
La crítica de Soros invita a preguntarse sobre el papel que juega la competencia y la colaboración en las relaciones entre las personas y entre países. La cruda inclinación de los neoconservadores por la competencia, dice Soros, es ciega respecto de los niveles de cooperación necesarios incluso para el más fuerte, y aún en la ley de la selva. En otras palabras, la competencia requiere ciertos mecanismos previos de interacción, condiciones de empatía, posibilidades de concordar algunas normas mínimas. Desconocer ese requisito es un error que puede costarle caro a Estados Unidos y al mundo. Es, finalmente, rechazar el pluralismo y la tolerancia que hacen posible la existencia de sociedades abiertas.