El Diario Financiero - Desde
la academia
Fecha : 30/7/2004
Claudia Heiss, Political Science Department, New School University
¿Qué es una guerra justa? ¿Es correcto atacar a un régimen porque no respeta a sus ciudadanos? ¿Qué papel juegan los derechos humanos en las relaciones internacionales? ¿Tienen los pueblos más ricos un deber moral de asistir a otros más pobres? Es lo que se pregunta el filósofo John Rawls (1921-2002) en “The Law of Peoples” (Harvard University Press, 2001), el último libro que escribió y en el que intenta extrapolar sus principios de la justicia a la esfera internacional.
Rawls es uno de los filósofos políticos más influyentes de las últimas décadas. Su clásico “A Theory of Justice” (1971) habla de una sociedad liberal y democrática ordenada en torno a principios de la justicia como equidad. Identifica principios aceptables para cualquier persona racional, desde una hipotética posición de ignorancia respecto del lugar en la escala socioeconómica que le tocará ocupar, y sin saber cuál será su ideología o su religión. Esta teoría ha tenido un enorme impacto y ha generado fructíferas críticas. Una objeción interesante sostiene que los principios universales de justicia no siempre ayudan a determinar qué es lo justo en el caso particular de ciertas identidades políticas o minorías culturales. Otra, que el liberalismo tiene mucho más contenido “sustantivo”, como doctrina sobre la vida buena, de lo que Rawls quiere admitir. En respuesta, Rawls enfatiza en “Political Liberalism” (1995) la capacidad de los principios de la justicia para armonizar, en un esquema de tolerancia y apego a ciertos procedimientos, nociones sobre la vida buena que son incompatibles entre sí. “The Law of Peoples” va más allá, y aborda este problema a nivel internacional.
En suma, Rawls parte por definir los principios que deben regir internamente a una sociedad para luego aplicar esos principios a escala mundial. El resultado son relaciones entre distintos pueblos basadas en la justicia, y no en utilitarias “razones de Estado”. Rawls retoma la antigua idea del “derecho de gentes” porque quiere hablar de relaciones entre pueblos, y no entre estados. Para él, el Estado es por definición incapaz de comportamiento moral, una premisa que parece cuestionable. “The Law of Peoples” no resuelve el dilema crucial: cómo debe una sociedad liberal y democrática lidiar con aquellas donde reina la injusticia. En un momento histórico en que resulta fundamental acordar ciertos fundamentos morales de las relaciones internacionales, Rawls propone más preguntas claves que respuestas satisfactorias.