El Diario Financiero - Desde
la Academia
Fecha : 7/5/2004
Claudia Heiss, Political Science Department, New School University
En las últimas semanas, el apoyo de la opinión pública estadounidense al Presidente George W. Bush y a su decisión de atacar Irak ha bajado bruscamente. Las víctimas aumentan, los enfrentamientos se prolongan y las fotos de torturas a presos iraquíes no ayudan. El Presidente, que llegó al poder en medio de cuestionamientos electorales, nunca ha sido más popular que inmediatamente después de los atentados del 11-9 y tras la captura de Saddam Hussein. Pero hoy su legitimidad está de capa caída. La razón principal: no aparecieron las armas de destrucción masiva que supuestamente hacían del régimen iraquí una amenaza inmediata.
En su discurso ante el Congreso a comienzos del 2003, Bush insistió en 16 desafortunadas y ya célebres palabras: fuentes de inteligencia británica tendrían constancia de que Hussein había comprado uranio -supuestamente para desarrollar armas nuucleares- a Níger. En julio, el ex embajador Joseph Wilson escribió en el diario The New York Times que los asesores de Bush incluyeron en el discurso presidencial información que sabían falsa. El propio Wilson, enviado por la CIA a Níger para chequear la información, había informado que no existían negociaciones para comprar uranio.
Poco después, a mediados de julio del 2003, el periodista de CNN Robert Novak publicó una columna en el Washington Post criticando las denuncias de Wilson. Añadió que el diplomático había sido enviado a Níger por recomendación de su esposa, Valerie Plame, una agente encubierta de la CIA y experta en armas de destrucción masiva. ¿Cómo supo Novak la identidad de una agente clandestina del servicio secreto estadounidense y cómo se atrevió a revelar su identidad? Es parte de lo que discute un resentido Wilson en sus memorias, lanzadas la semana pasada en medio de gran controversia.
En “The Politics of Truth: Inside the Lies that Led to War and Betrayed My Wife’s CIA Identity” (Carroll & Graf, 2004), Wilson dice que altos asesores de la Casa Blanca filtraron la identidad de su esposa a la prensa, en un afán por dañar personalmente a su familia y por sentar un precedente para disuadir a quienes poseen información perjudicial a Bush de salir a la luz pública. En más de 500 páginas, el libro describe su larga trayectoria en el servicio exterior. Pero lo que lo mantiene en las listas de libros más vendidos es su acusación a la administración Bush de poner en riesgo la seguridad nacional por mezquinos intereses electorales.