El Diario Financiero - Desde la Academia
Fecha : 23/4/2004

Claudia Heiss, Political Science Department, New School University


Ya desde antes de la caída del muro de Berlín era frecuente comparar a los Estados Unidos de la posguerra con la Roma imperial, la Gran Bretaña victoriana y hasta la Unión Soviética. “Imperio” fue el título que usó el historiador británico Niall Ferguson, profesor de la New York University, en su celebrado libro del 2003 sobre el imperio británico.

Por eso, el libro que Ferguson lanza hoy viernes en Estados Unidos se llama “Colossus: the Price of America’s Empire” (The Penguin Press, 2004). Y no es casual que el lanzamiento en el Reino Unido -el imperio desplazado- haya sido postergado hasta mayo próximo. Sorprendentemente, Ferguson no rechaza la idea de un imperio hegemónico. Mientras los historiadores suelen enfatizar los abusos de poder, la explotación económica o el racismo de las políticas imperiales británicas, Ferguson alaba en “Empire” (Basic Books, 2003) el papel que jugó ese imperio en la liberalización del comercio y la apertura de mercados internacionales. En su nuevo libro “Colossus”, se pregunta si Estados Unidos será capaz de estar a la altura de su rol de imperio mundial.

Estados Unidos, dice, es “un imperio en negación”, una superpotencia hegemónica que se siente culpable y, en consecuencia, es incapaz de asumir cabalmente el papel que le ha deparado la historia. Que ese papel beneficie a los propios oprimidos, y no sólo al Imperio, es algo que no cuesta mucho poner en duda. Pero el sentido común no basta para descartar los ingeniosos argumentos con los que Ferguson pretende encender el debate.

“Colossus” llama a Estados Unidos no a retirarse del concierto mundial, sino a intervenir con todo. A dejar de lado las medias tintas y dedicar más recursos a los aspectos no militares del proyecto imperial. La superpotencia, dice Ferguson, debe asumir su carácter de tal, y reconocer que las transformaciones políticas y económicas que pretende instaurar en el mundo no se logran de un día para otro. Curiosamente, eso es lo que han dicho los opositores a la guerra en Irak. El imperio, dice este autor, debe instalarse por un periodo largo para asegurar la liberalización de las economías, la política y la cultura. Una idea que los halcones de la administración Bush o no comparten, o se niegan a reconocer.

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