El Diario Financiero - Desde
la Academia
Fecha : 2/4/2004
Claudia Heiss, Political Science Department, New School University
El ex Asesor de Seguridad Nacional del Presidente Jimmy Carter, el polaco nacionalizado estadounidense Zbigniew Brzezinski, acaba de lanzar un libro sobre la estrategia de política exterior de Estados Unidos: “The Choice: Global Domination or Global Leadership” (Basic Books, 2004).
La “opción” a la que se refiere el título sugiere que Estados Unidos se encuentra actualmente en la disyuntiva entre ser una potencia hegemónica a la fuerza, o una especie de líder benevolente. Obviamente, el autor prefiere lo segundo. Pero, advierte, si Estados Unidos no ejerce el liderazgo que le ha deparado la historia, el mundo quedará sumido en el caos absoluto.
Una cosa que hace interesantes hoy las disquisiciones de este ex contrincante de Henry Kissinger, es que fue nada menos que Brzezinski quien inició en 1980 la colaboración estadounidense con los guerreros religiosos afganos en contra de la entonces Unión Soviética. Las consecuencias, en el mediano plazo, fueron Osama Bin Laden y el régimen talibán.
Doctor en ciencia política de la Universidad de Harvard, Brzezinski, al igual que su sucesora Condoleeza Rice, es un experto en temas de Europa del Este. Como buen hijo de la guerra fría, lo obsesionaba la amenaza del comunismo. Pero ya en los 80s, Brzezinski sostenía que la política exterior debía basarse en la cooperación internacional más que en acciones unilaterales. Hoy en día habría que situarlo del lado de los defensores del “poder blando”, la idea de que Estados Unidos debe su influencia mundial más a MacDonald’s y a Hollywood que a los tanques y aviones. (Ver Joseph Nye: “The Paradox of American Power”, comentado aquí el 10 de octubre).
Si bien critica el aislacionismo de Bush, la mirada de Brzezinski deja varias preguntas abiertas. ¿Hasta qué punto es posible aplicar a las relaciones internacionales del siglo 21 la idea, derivada de la Ilustración, de un “hermano mayor” garante de la paz mundial?
No son pocos los que piensan que la intervención estadounidense ha hecho más daño que bien a la paz, y que el retiro de sus tropas del Golfo Pérsico, Asia o Europa no sólo no crearía el caos que vaticina Brzezinski, sino que ayudaría a distender las relaciones con la potencia mundial. Que los objetivos estratégicos de Estados Unidos sean siempre compatibles y complementarios con los intereses de los demás estados parece más “wishful thinking” que una observación de la realidad.